jueves, 18 de mayo de 2017

LAS DOS PALABRAS QUE NO SE IBAN A ENCONTRAR MÁS



En el año 2014, la tristeza tocó la vida del delantero colombiano Falcao García. Una decisión innecesaria de su técnico al alinearlo en un partido intrascendente y la imprudencia desmedida de un rival se fusionaron en el indeseable resultado de una ruptura de ligamento cruzado. Para un futbolista es una experiencia casi letal. Es como si un cantante se quedara sin voz, como si un chef perdiera el olfato o como si un músico no pudiera oír. 

Trató de recuperarse para el mundial de Brasil, pero por más disciplina y esfuerzo que invirtió, los tiempos no se dieron. Para bien o para mal, la Selección jugó el mejor mundial de su historia, haciendo que los focos de las cámaras estuvieran sobre los héroes emergentes. La situación de Falcao, poco a poco, era dejada a un  lado. 
Los meses posteriores no fueron los mejores para él. Su paso por el fútbol inglés fue intrascendente, y eso la élite es equiparable al fracaso. Después de todo, muy pocos recuperan un nivel estelar después de una lesión tan complicada. Algunos periodistas crueles llegaron a dar por terminada su carrera, tomándose el derecho de llamarlo ex-futbolista. Para ellos, Falcao y victoria serían dos palabras que no se iban a encontrar más. 
Diagnósticos lapidarios en su máxima expresión. 
Pero Falcao no se rindió. 
Por eso es que el trofeo que recibió ayer tiene un sentido más grande que sencillamente el triunfo de una Liga. Fue la victoria contra los pronósticos. No conozco a Falcao, pero en sus lágrimas cuando celebraba el título tomado de la mano de su familia vi la alegría de alguien que no se rindió, que no estuvo dispuesto a dar por terminada la pelea, que le arrancó a la vida una bocanada más de aire para decir que su carrera no había finalizado. Tantas sandeces que se dijeron, tantas frases lapidando la carrera de un futbolista encontraron el absurdo en el nuevo canto de victoria que el capitán del Mónaco entonó mientras levantaba el trofeo. 
Y así, Falcao y la victoria se volvieron a encontrar en la misma frase una vez más. 
El mundo está inundado de expertos en diagnósticos derrotistas y en pronósticos negativos. Cuando la derrota visita la vida, sus voces parecen adquirir una fuerza inusitada en los parlantes del corazón, que inevitablemente desfallece en algún momento. Las dudas y el dolor se ponen cita para albergarse en el alma. "¿Será que sí voy a ser capaz de salir de esta?" es la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez. Y, a veces, puede tardar años en contestarse. 
Pero la respuesta siempre llega. 
Al enfrentarnos a las críticas y a los señalamientos, tenemos la tentación de querer hacerle tragar las palabras a quienes nos criticaron, sin embargo una victoria verdadera se vive cuando luchas por ti, no por ellos. Porque si quieres ganar para demostrarle a otros que no tenían razón, igual estás girando en torno a ellos. Le estás permitiendo a la venganza ganarle la partida a la esperanza. ¿De verdad vale la pena que les des tanta importancia a quienes te señalan?
Uno podría pensar que el mayor triunfo de Falcao fue haber levantado un trofeo aún cuando todos los pronósticos estaban en contra. Por supuesto, una historia inspiradora. Pero para mí lo más retador del reencuentro del Tigre con la victoria fue que no dejó que su dolor lo definiera. No permitió que la alegría se extraviara en los oscuros laberintos del dolor. 
Su sonrisa ayer era genuina. 
No porque no hubo sufrimiento, sino porque encontró la clase de vida que está más allá del sufrimiento. 


MiguelPulido