jueves, 4 de mayo de 2017

"13 REASONS WHY" ALTERÓ MI MIRADA


Como pastor de jóvenes, una de las cosas que le pido a Dios es que pueda hacer ministerio junto a padres interesados en el crecimiento de sus hijos. Me frustran los que creen que los pastores somos una especie de mecánicos en una guardería para adolescentes a los cuales se les puede decir “aquí está mi hijo, arréglelo”. Llegué a la serie 13 Reasons Why por unos padres jóvenes que me la recomendaron porque ponía sobre la mesa un asunto tan complejo como el suicidio adolescente. ¡Qué alegría encontrar personas que no esconden los temas difíciles debajo del tapete satanizándolos o ignorándolos, sino que están interesados en dialogar!
Por obvias razones, estoy de acuerdo con que Netflix recomiende esta serie para mayores de 16 años (aunque, siendo honestos, la mayoría de gente no le hace caso a ese tipo de etiquetas). No es fácil de digerir. Se tiene que tener una estructura crítica medianamente desarrollada para entenderla dentro del marco de una obra de ficción que denuncia una realidad. Por eso mismo creo que es una opción para verla en familia (bien sea todos juntos o aparte) para dialogar al respecto. El acoso, la intimidación escolar, el ciberbuylling y la violencia sexual son ciertos, están más cerca de lo que creemos.
Y, con frecuencia, la realidad es más cruda que la ficción.
Si no hablamos nosotros, ¿entonces quién?
Quiero ser lo más claro posible: no estoy promoviendo el suicidio adolescente y no creo que esta serie deba ser vista por personas deprimidas y solitarias, pero veo en ella una palabra que puede detonar conversaciones. La familia tiene la oportunidad de proveer un contexto seguro para que se exprese el dolor, las dudas, los temores y los errores. Me parece hipócrita vetar una serie de estas, mientras que dejamos que los adolescentes tengan acceso a pornografía desde su celular y ni nos preocupamos por tener un diálogo significativo con ellos, no regañándolos por el mundo en el que viven sino tratando de comprenderlos. Las decisiones radicales e irreversibles son la acumulación de pequeñas elecciones.
El corazón se daña progresivamente.
Por eso un llamado sagrado de los padres es ser los guardianes del corazón de sus hijos.
Hanna Baker no era perfecta ni mucho menos una heroína. Tenía buenos padres, pero sus vivencias en el colegio la llevaron a la agonizante decisión del silencio. Su vida entró en una frenética espiral de dolor, porque acumuló tantas cosas en su corazón que no pudo resistir. Se juntó con gente que no debía, tomó decisiones basada en sus hormonas, expuso inocentemente su vida a personas que no la cuidaron, fue víctima de almas enfermas que esparcen toxicidad por donde pasan, pero, sobre todo, no encontró alguien que estuviera dispuesto a cargar esa basura con ella.
Me hubiera encantado haber sido ese alguien. No, no tengo todas las respuestas, pero soy experto en errores. Los cometo con una facilidad pasmosa. Sé qué es sentir que la vida a veces te atropelle. Quisiera haberle podido decir que no estaba sola, que yo no tenía el derecho para juzgarla y que contaría conmigo hasta las últimas consecuencias.
La responsabilidad que tenemos con las nuevas generaciones es sagrada. Nuestro abrazo no puede estar supeditado a los logros que ellos tengan, sino que debe ser incondicional, sincero, sin reproches ni mezquindades. Ojalá nos convirtamos en un lugar seguro para los jóvenes que enfrentan la crudeza del día a día, y ustedes, muchachos, atrévanse a contar con alguien de confianza. Hay personas a las que interesan.
13 Reasons Why alteró mi mirada.
Me recordó el inimaginable poder de la compasión.


©MiguelPulido

No hay comentarios: