jueves, 9 de febrero de 2017

SI HAY ANIMALES HOMOSEXUALES, ¿CUÁL ES EL PROBLEMA?


En días recientes he escuchado la misma pregunta y visto publicaciones compartiendo similar afirmación. Muchos piensan que es el argumento irrefutable a favor del homosexualismo como un comportamiento completamente natural. En términos simples la cuestión se resume así: si hay animales homosexuales, ¿cuál es el problema?
No soy biólogo ni científico, así que mis observaciones surgen de la experiencia y algunas lecturas al respecto. Evidentemente, estos comportamientos no son comunes en toda especie animal, pero sí hay tendencias instintivas en ciertos grupos que lo manifiestan. Es imposible describir en detalle cuáles son, pero se habla de ciertos peces, aves e incluso mamíferos que tienen este comportamiento. Sin ir tan lejos, en esta semana que estaba sacando a mi perrita al parque vi cómo un perro trató de montar a otro perro.
¿Qué podemos decir al respecto?
Hasta donde sabemos, los animales se guían por instintos. Oleadas químicas visitan su cuerpo cada cierto tiempo, de tal manera que generan la necesidad de mantener relaciones sexuales con fines idealmente procreativos. La única forma de responder a esos instintos es consumando el acto o, de lo contrario, canalizarán ese ímpetu con agresividad, frustración o, en el mejor de los casos, tendrán que esperar hasta que llegue una nueva temporada de apareamiento.
Todo instinto, cero sentimientos.
No hay testimonios de una pantera que se haya sentido ultrajada porque quien mantuvo relaciones con ella convive con otras hembras. Tampoco sabemos que los elefantes tengan que reconciliar sus diferencias antes del acto sexual, porque no quieren herir los sentimientos del otro. Ningún chimpancé ha denunciado por maltrato o discriminación a los machos alfa de la manada que se pelean por ella como si fuera un trofeo. No hemos vistos que los toros protesten porque hay peleas de gallos.
Los animales no tienen consciencia.
No pueden decidir. Sólo obedecen a sus instintos.
Si quisiéramos aplicar esta forma de argumentos para defender una posición, nos llevarían a extremos fácilmente. Hay testimonios de ciertos animales que engullen a su pareja tras el acto sexual, o de algunas especies en la que las crías matan a sus padres después de un tiempo. Los humanos, en un movimiento contrario al curso normal de la teoría evolutiva propuesta por Darwin, procuramos defender a los más débiles, los resguardamos, hacemos lo posible para protegerlos, aun cuando la ley del reino animal sostiene la supervivencia del más fuerte. Nadie aceptaría que un violador argumentara que cometió una atrocidad porque sus instintos lo obligaron.
Descansar en el simple hecho de lo instintivo y lo animal como un argumento a favor de una elección sexual no tiene sentido. Viola la naturaleza misma de lo que somos como personas. Sí, tenemos instintos, tendencias químicas, pero también capacidad de elección. Parte de lo que nos hace humanos es la posibilidad de racionalizar y tomar elecciones morales.
El mismo punto que trata de enfatizar este argumento termina por denigrar el potencial de decisión que tenemos cada uno de nosotros. Acudir a “lo natural” como un argumento se convierte, con una facilidad pasmosa, en una forma de autoritarismo. Si alguien lastima a un homosexual porque no es “lo natural”, está denigrando el respeto por el otro. De la misma forma, si una persona homosexual argumenta su elección como “lo natural” (aunque, hasta donde sabemos, no hay un estudio científico serio que así lo demuestre), está cercenando una dimensión fundamental de la sexualidad humana: la consciencia, la elección, la posibilidad de ser más que animales. Imponer a otros una visión del mundo a partir de lo instintivo es atentar contra nuestra naturaleza.
No somos animales, somos humanos.
Y esa es una gran diferencia.


©MiguelPulido

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