jueves, 2 de febrero de 2017

PARA PAULIS



Desde que recibimos la terrible noticia de la partida de Paulis, varias personas cercanas me han hecho la misma pregunta: ¿Por qué? Esperan, y los entiendo, que les pueda dar con mis torpes palabras una explicación a este dolor indecible por el que estamos atravesando.
No tengo una respuesta.
No existe ninguna materia del Seminario ni ningún título que te prepare para esto.
De nada me sirve suponer que le puedo encontrar sentido a la ausencia de Paulis, pero espero que en estas palabras honestas y sin pretensiones podamos recordarla como lo que fue, un regalo de Dios para nuestras vidas. 
Como cristiano, no creo que la muerte sea parte del plan de Dios; es, más bien, un intruso maldito en la buena Creación del Señor. No tiene sentido, porque no estaba originalmente aquí. Por eso está bien que tengamos preguntas, dudas, que este dolor, esta rabia y esta sensación de injusticia nos visite. Sentimos que Paulis se nos fue demasiado pronto. Creo que el llanto de Jesús frente a la tumba de su amigo Lázaro tiene lágrimas similares a las nuestras, donde no se expresa tanto una queja hacia el Cielo sino una inconformidad sagrada por ser testigos de la muerte.
Dios también lloró frente a la muerte.
Por eso me resisto a pensar solamente en la partida de Paulis, porque su vida nos demostró que vivir es mucho más que respirar o subsistir, que no hay una edad determinada para ser maduro, que se puede sonreír aún en medio del dolor más agudo, que la belleza sigue triunfando en los pasillos oscuros de la vida, que esta vida se trata de momento bellos, de tal manera que no importa si fueron efímeros o no, porque serán eternos, nos acompañarán por siempre. Hoy lamentamos la partida Paulis, pero, al mismo tiempo, celebramos su vida. Es imposible recordarla y no hacerlo con una sonrisa, porque ella, paradójicamente, era quien nos daba consuelo, alegría y esperanza en medio de esta travesía.
Hace poco más de un año me senté a hablar con Paulis. Hablamos de toda su experiencia desde que la diagnosticaron. En un momento le pregunté: “¿qué es lo que has aprendido en medio de todo esto?”. Con su sonrisa de niña y con la madurez de la mayor sabiduría me respondió: “A vivir un día a la vez”. Sus palabras fueron las mismas de nuestro Señor. Llevo siendo pastor suficiente tiempo, he predicado muchos sermones, he escrito decenas de reflexiones, pero esas palabras de Paulis me demostraron lo que de verdad significa seguir Jesús. Hubo días buenos y días malos, pero Paulis siempre, como decía su tatuaje en el brazo, permanecía fuerte. Vivió la vida al máximo. Nos mostró que el amor, la esperanza y la bondad no necesitan cierta edad para manifestarse, porque son una elección del corazón, una postura del alma.
Y Paulis las escogió.
Hoy la recordamos. Recordemos quién ella fue: una alegría que Dios nos regaló, para mostrarnos que, como decía ella, la vida no se trata tanto de un final feliz sino de momentos felices. Inevitablemente, las lágrimas se asoman, porque la extrañaremos profundamente, nuestra vida ahora tendrá un pequeño hueco con su nombre. Pero que este dolor nos lleve a estar más juntos que nunca, a ser la clase de familia y amigos que Paulis siempre soñó para Cata, Jairito y Nata si ella llegaba a faltar. Lloremos juntos, y recordémosla unidos. Esa es la mejor forma de honrar su paso por este mundo, al que irradió con la verdadera vida.
No estás hoy con nosotros, Paulis, pero fuiste más fuerte que la muerte, porque tu recuerdo quedará indeleblemente marcado en nuestras almas. Serás siempre parte de nosotros. Y nuestra confianza es que estás en los brazos de Jesús, a quien amaste, para reencontrarnos en ese día glorioso donde toda lágrima será secada, donde no habrá enfermedad ni despedidas, donde se te retribuirán los años no vividos. Estás con Jesús, y esa es la mayor victoria de todas. Nadie nunca te podrá arrebatar la sonrisa que te acompañará por la eternidad.
Te extrañaré…

--> ©MiguelPulido

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