jueves, 20 de octubre de 2016

Pedazos De Vida


Cuando me di cuenta, ya había pasado mucho tiempo. Ocurrió de una forma tan insconsciente que pensé que era normal. Lo descubrí un día de estos en la mañana. Tenía el IPad frente a mí, estaba escuchando música en él, mientras esperaba impaciente que se cargara una página que consultaba, al mismo tiempo revisaba el Facebook en el celular, en el cual estaba teniendo unas conversaciones por Whatsapp y además estaba contestando una llamada por altavoz. Estaba haciendo, al menos, ¡6 tareas simultáneamente!

Frenético, ¿no te parece?

Por supuesto, podría sentirme orgulloso de lo mucho que hago, pero me di cuenta en ese momento que hacer muchas cosas simultáneamente es no hacer ninguna completamente. Sé que algunos tienen capacidades multi-tarea, pero no me refiero a ello. Me refiero a cómo la vitalidad, la energía, la fuerza que tenemos se va drenando poco a poco en tantas cosas y, al final del día, sentimos que no fue suficiente, que perdimos el tiempo, que la vida nos está atropellando, que se nos escurre entre los dedos. 

Somos la generación con más tecnología que la historia haya conocido. Desde un pequeño aparato que cargamos en el bolsillo, que pesa apenas unos gramos y mide unos cuantos centímetros, podemos hablar con personas que están al otro lado del planeta, pero somos incapaces de tomar un café con una persona sin revisar, al menos, una vez ese aparato. Le huimos a la mirada del otro mientras nos refugiamos en unas pantallas. No debería sorprendernos que sea más fácil para nosotros configurar un dispositivo móvil que restaurar una relación.

Ahora, sé que en núcleos sociales la respuesta es satanizar las nuevas tecnologías y decir que debemos dejarlas de lado. En casos puntuales, creo que esa es la mejor solución. Pero en estas líneas que siguen quiero hablarte no del manejo de la tecnología que te rodea, sino de la administración de tu corazón.

Porque tu presencia es sagrada.

¿Cuándo fue la última vez que estuviste en un lugar?

No me refiero a que hiciste presencia, hablo de que estuviste plenamente, con todos tus sentidos, que no vimos pedazos de tu vida sino que toda ella se mantuvo totalmente presente, sin celulares, sin notificaciones, sin sentir la necesidad de ver inmediatamente el último video que subió el famoso que te gusta, sin leer la noticia titulada "10 cosas que todos haríamos si viviéramos en Plutón" (o esa clase de profundidad). Tampoco venían a tu mente los remordimientos del pasado ni las ansiedades del futuro. Simplemente, estabas. Ese día. Ese instante. Nada más que eso.

Si, como yo, te cuesta rastrear ese momento, quiero invitarte a que consideres la posibilidad de hacer algunas modificaciones. Quizás sientes que tu vida está vuelta pedazos, y probablemente esté relacionado con que estás dándole a este mundo solamente pedazos de tu vida. Eres un fenómeno único en la historia de la humanidad. No permitas que ese hecho sagrado se drene por las tuberías de la irrelevancia. Un día a la vez es más que suficiente, un instante a la vez puede ser la dosis adecuada para dar el siguiente paso. 

Así podrás disfrutar una vez más el amanecer, tu oración al comenzar el día, un buen café, reír por bobadas con tus amigos, escuchar ciento treinta veces la canción que te gusta, chatear con un amigo con quien no tenías contacto hace mucho tiempo, leer el párrafo de ese libro que te capturó, oír la voz y las palabras de la persona que te conquista el alma.

Disfrutar de 1 cosa completamente siempre será mejor que hacer 6 simultáneamente.


©MiguelPulido

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