jueves, 6 de octubre de 2016

Amada Eklessía:


Amada Eklessía:
En tiempos tan convulsos, confusos y complejos, no puedo hacer más que escribirte. No lo hago con la pretensión ilusoria de ser una persona superior. ¡No es así! Yo te pertenezco, amada Eklessía. Soy tuyo. Simplemente deseo expresar con palabras el clamor silencioso de mi alma.
Gracias porque siempre escuchas.
La trivialidad tiene un poder extraordinario, porque genera confusión. Nuestro entorno suele llevarnos a pensar en lo urgente, al mismo tiempo que acalla paulatinamente lo importante. Y no es que lo urgente no sea, en ocasiones, importante, sino que consume tanto tiempo y tantas energías que no quedan más fuerzas ni perspectivas para recordar la esencia de lo que somos. Es una de mis luchas, y sé que también es la tuya.
En estos días he visto cómo algunos quieren envolverte en la vorágine de lo urgente. Eklessía de mi alma, existe el peligro de engancharte en lo bueno. Pero tú fuiste diseñada para lo extraordinario. Lo bueno nunca será malo, pero lo temporal jamás será eterno. Tu vocación no es acomodarte a este mundo; es trastornarlo. Fuiste creada para darnos una pizca del Cielo en esta Tierra, y algo menos que eso sería un desperdicio.
Por eso es que nunca te ha dado temor tener a gobiernos en tu contra. Te persiguieron, te lastimaron y buscaron silenciarte, pero permaneciste firme. De hecho, fue precisamente cuando  intentaron liquidarte que te levantaste más gloriosa, más radiante, con ímpetu furioso.
Porque eres valiente, amada Eklessía.
Por favor, jamás te sientas cómoda en las sillas de los poderosos. Todos a tu alrededor podrán decir que es un logro, pero puede convertirse en una amenaza. No es un logro ser un número significativo en un censo electoral. No es un triunfo, es solo una estadística. Esos que tanto te ignoraron ahora quieren usarte convenientemente, y estoy convencido que tu audacia, tu santa astucia y tu sagrada bondad te mostrará que es más significativo ser el tema de conversación de esas mesas que acomodarse en dichas sillas. Como una princesa que eres, preciosa Eklessía, sabrás que en momentos de desasosiego llueven pretendientes desesperados. Y pedirán tu voto, cuando lo que en realidad necesitan es tu ayuda.
Amada Eklessía, tú eres un faro de luz en medio de la más espesa oscuridad. Quizás los enfermos quieran aliviar sus síntomas, pero lo que necesitan es la cura para su enfermedad. Y tú conoces la verdadera cura para el profundo clamor del corazón humano. Tú fuiste sanada y salvada por el Médico. Ahora, lo sé, tu corazón arde por contarle a todo el mundo la Buena Noticia de la esperanza.
Eklessía, eres un camino para encontrar El Camino.
Así que no te limites a denunciar lo malo, sino que debes anunciar lo que es bueno. Siempre será más fácil hacer oposición que generar proposición. Sin embargo, ¡a ti nunca te gustó lo fácil! No dejes de mostrarle al mundo que eres hermosa, que irradias La Esperanza; que en ti jóvenes encarcelados por las drogas encontraron libertad; que contigo familias destruidas reconstruyeron su fisurado hogar; que gracias a ti, hombres anclados al alcohol dejaron de anestesiarse contra su realidad para empezar a disfrutar su existencia; que por tu intervención, niños encontraron sentido para su vida; que en tu tierna sonrisa, muchos hallaron el amor que tanto habían buscado.
Sé que algunos han usado tu nombre para dañar tu reputación. Pero resistirás esas embestidas, y continuarás siendo un eco de la voz de tu Amado, a quien sigues esperando expectante.
Nunca renunciaré a amarte ni a cuidarte, preciosa Eklessía.

Tuyo,

Un niño que jamás dejará de creer en ti.


©MiguelPulido

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