miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Será que SÍ o será que NO?


Son solamente dos palabras (Sí o No), que presentan contrastes, diferencias, que están en lados opuestos del espectro. Simples, sencillas, concretas. Pero en este momento encierran un mundo de opiniones respecto a un asunto tan espinoso como la paz.
¿Sí o no?
La pregunta del momento.
Me llama profundamente la atención cómo se puede delimitar un diálogo que tomó años, páginas infinitas de acuerdos y décadas de conflicto a solamente dos letras.
Cuando estaba pensando escribir al respecto, sabía que podía irme por el camino de tratar de persuadir a la gente de mi posición. Sin embargo, creo que ese no es mi llamado ni mi vocación. Cada quien es libre de votar como quiera. Tengo el derecho de que mi voto sea secreto, y así será. Adicionalmente, si veo las discusiones en redes sociales o escucho las conversaciones de pasillo, no tengo ningún testimonio de alguien que haya sido persuadido por argumentos para cambiar de posición. La mayoría tomó una decisión antes de empezar cualquier diálogo.
Entonces, ¿sobre qué escribir?
Mi propósito en las próximas líneas es expresar una preocupación de fondo que tengo sobre la serie de conflictos, ofensas e insultos que se han desatado por las diferentes posiciones que existen.
Hace algunos años fui testigo de una experiencia que tocó mi forma de entender las discusiones. En el Seminario fui representante de los estudiantes a uno de sus Consejos. Esto significó que estuve en la misma mesa con varios profesores y respetados pastores de la Iglesia en Colombia. ¡Un privilegio! Me sentía como el simple aprendiz observando los diálogos Jedi.
En uno de esos diálogos hubo un desacuerdo entre dos personas. Muy fuerte, por cierto. Debatían algunas ideas respecto a temas teológicos que afectaban el quehacer de la Iglesia. Ambos estaban en lados opuestos del espectro, cada uno con argumentos y pasiones envueltos en ello. Nunca se ofendieron, pero ciertamente la conversación estaba en un tono distinto al inicial.
Tomamos un receso de la reunión. Afuera de la sala de reuniones había una estación de café. Cada uno, en silencio, trataba de dispersar el tenso momento con un sorbo de tinto. Grande fue mi sorpresa cuando las dos personas en cuestión se acercaron al mismo tiempo a la cafetera, se sirvieron café, y empezaron a dialogar tranquilamente sobre algo distinto. Ellos eran expertos en un área que yo descubrí apenas ese día: no estar de acuerdo con una idea no significa rechazar a una persona.
Sí existen los conflictos respetuosos.
Las personas producen ideas, pero las ideas no son personas.
Aprender esa diferencia se llama sabiduría.
¿De verdad creemos que la paz la va a dar un voto?  Seguramente tienes tus opiniones, las cuales respeto profundamente. Lo que sí está claro es que la cantidad de ofensas que destilan las redes sociales por estos días, cuando se habla del tema, evidencian que la paz no es un voto, es una decisión; no es una palabra, es una construcción; y, si eres cristiano, sabes que la verdadera paz no existe por una mesa de diálogos, sino que es posible cuando nos acercamos al Madero. El 2 de Octubre pasará y aquí seguiremos todos nosotros. Sin importar qué se decida, tenemos que aprender el arte del conflicto respetuoso. Porque somos personas que pueden tener ideas diferentes pero, al fin al cabo, estamos hechas a la imagen y semejanza del mismo Dios.
Por encima del SÍ o del NO hay otras palabritas más importantes: TÚ, ÉL, ELLA y YO.
Recuerda: Si respetas al Artista, respetarás su Creación.

¿Podemos hacerlo? ¿Será que sí o será que no?

©MiguelPulido

1 comentario:

jose miguel dijo...

Estoy de acuerdo Migue, muchas gracias por generar una reflexión calmada al respecto. Mi oración es que, independientemente de nuestro voto (el cual puede estar equivocado) Dios permita que las votaciones sean en favor del bien para Colombia. Sea el SI o el NO, sólo Él sabe si los productos de cualquiera de estos resultados serán las utopías o las distopías que promulgamos en nuestros púlpitos electrónicos.