jueves, 2 de junio de 2016

El arte de atar cuerdas



He tenido la oportunidad de conocer a muchas personas a lo largo de mi camino. Una de las cosas que más disfruto es escuchar sus historias de vida. Si algo me sorprende es cómo experiencias que ocurrieron hace muchos años quedan marcadas tan nítidamente en nuestras almas. Algunos las traen a la memoria con mucho dolor, ira y amargura; pero otros las narran como experiencias que les ayudaron a ser quien son.
Hablé con una mujer que quería salir de un profundo bache en el que se sentía. Le pedí que me contara un poco más de ella. Narró con cierta tranquilidad varios sucesos de su vida, pero se detuvo abruptamente cuando llegó a un evento específico. Es como si se hubiera topado contra un muro. El ceño se frunció, los puños se cerraron involuntariamente, los labios se presionaron entre sí hasta quedar blancos, y la mirada se le perdió mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Tras un prolongado silencio me contó con lujo de detalles (nombres, lugar, fecha, palabras que se dijeron) lo que había pasado.
A ella, como a todos nosotros, le había ocurrido el dolor.
Y había atado una cuerda a ese evento.
La palabra “recordar” proviene del latín recordis, que significa “atar una cuerda”. El alma tiene cuerdas. Puedes traer a tu mente con mucha exactitud situaciones de gran gozo o de profundo sufrimiento que ocurrieron hace mucho tiempo, porque tienes la capacidad de atar cuerdas en tu alma con esas experiencias. Te acompañan por el resto de los días.
Por eso es fundamental aprender el arte de atar cuerdas.
Hay eventos tan dolorosos que quizás no se vayan nunca de nuestra mente. Consciente o inconscientemente, atamos una cuerda a ellos. Y eso es parte de nuestra naturaleza; así funciona nuestra alma. Así que no tienes que sentirte mal si a veces te acuerdas de cosas que quisieras olvidar. Es mentira eso de que perdonar es olvidar. Hay sucesos tan fuertes en nuestra existencia que sencillamente no se van de nosotros. Y si has crecido con la idea mentirosa y religiosa de que perdonar es olvidar, entonces ahora estás luchando con una culpa falsa que le está sumando dolor a tu dolor.
Perdonar es recordar sin dolor.
Perdonar es ir al pasado y regresar ileso.
No siempre podemos escoger las cuerdas que atamos, hay momentos donde nuestra alma lo hace por nosotros. La cuestión no es si tienes cuerdas atadas en tu vida, sino cómo tienes atadas esas cuerdas. Eso es un arte. Quizás la cuerda que tienes atada a ese suceso es una de dolor, de amargura, de rabia, de esas que te dañan el día o que te impiden siquiera escuchar el nombre de esa persona, y quisieras soltar esa cuerda. Para ser muy honesto, es altamente probable que eso no vaya ocurrir, y es algo que no vas a poder controlar.
Pero aunque no puedas controlar lo que recuerdas, puedes elegir las clases de cuerdas con las que vas a estar atado a ese evento. Parte del proceso es empezar por reconocer cuál es el tipo de cuerdas que hay en nuestro corazón y, con la ayuda de Dios, empezar a mudarlas poco a poco. No va a ser de un día para otro. No va a ser fácil. Pero si elijes una clase de cuerdas distintas para anclarte a eso que te ocurrió, tu vida empezará a transformarse.
Tendrás gozo.
Donde había dolor, ahora habrá esperanza.
Y donde pensaste que la historia había terminado, encontrarás un nuevo comienzo.

Porque ahora sabes más sobre el arte de atar cuerdas.

©MiguelPulido

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