miércoles, 15 de julio de 2015

El cristianismo y el movimiento LGBTI: una reacción diferente


Reaccionar no es malo. Reaccionamos positiva o negativamente porque pensamos, analizamos y tenemos algo por decir al respecto. La reacción es un don de Dios, que te recuerda que estás vivo, que tienes un pensamiento independiente y único, que tu cerebro es una sorprendente máquina perfectamente ecualizada para generar ideas. Pero como todo don, puede ser utilizado bien o mal, sabia o neciamente.
Hace un par de semanas en los Estados Unidos se aprobó el matrimonio para personas del mismo sexo en toda la nación. Hasta ese momento, solo algunos estados podían llevar a cabo esas uniones civiles. ¡Se dio un salto bastante importante! No digo "importante" porque lo considere bueno, sino porque una de las naciones más poderosas del mundo, que hasta hace poco se autodenominaba cristiana, que por años fueron el mayor centro de envío de misioneros a todo el planeta, ahora está aprobando una ley de este tipo.
Como era de esperarse, las redes sociales estallaron. Miembros del movimiento LGBTI a nivel mundial celebraban lo ocurrido. Otros solamente ponían en sus estados "love wins", la frase insignia de esta campaña a favor del matrimonio homosexual (aunque nunca nos han dicho exactamente a qué se refieren con "amor"). Y, por supuesto, los cristianos también nos pronunciamos. La gran mayoría ponía los pasajes de las Escrituras que recordaban que la práctica homosexual va en contra de los parámetros de Dios; otros aseguraban que el juicio vendría sobre los Estados Unidos; unos más rogaban que Colombia no siguiera el mismo rumbo.
Dentro de los diferentes pronunciamientos cristianos, me encontré con una imagen que tenía dos fotografías: una del arcoíris y otra de la bandera gay. Debajo de la foto del arcoíris decía que este era el símbolo que Dios había usado para sellar su pacto después del diluvio; debajo de la bandera gay decía que esta (la homosexualidad) era la razón por la cual había venido el diluvio.
¡¿En serio?!
¿Has leído la historia alguna vez?
Génesis 6:5 solamente dice que "la maldad del ser humano en la tierra era muy grande". No especifica qué tipo de maldad. La palabra usada es genérica para referirse a cualquier pecado. En los profetas se habla de injusticia, de falta de equidad, pero nunca se refiere al homosexualismo como la causal primaria del diluvio. Porque el homosexualismo no es la maldad; es una maldad más de toda una serie de maldades. Una sociedad está mal cuando también hay corrupción, envidia, robos, idolatría, cuando aplaude el pecado en cualquiera de sus manifestaciones.
Nuestra sociedad no se va a dañar por la aprobación del matrimonio gay.
Nuestra sociedad ya está dañada.
Y quizás parte del problema es que solo nos dimos cuenta hasta ahora.
La reacción instintiva frente a los triunfos del movimiento LGBTI ha sido el señalamiento del pecado que apoyan. Algunos aseguran incluso que la proliferación de la homosexualidad es la manifestación tangible que estamos en los últimos tiempos. Estas voces provenientes de las filas del cristianos son las que más se escuchan. Por un lado, juzgan esa clase de maldad y, por otro, transmiten la sensación que no hay nada que hacer sino solamente esperar que la historia siga su curso.
Respeto esa forma de reaccionar.
Sin embargo, como cristiano, considero que debemos reflexionar en otra dimensión de esta realidad.
Cuando Jesús habló de sus seguidores en el Sermón del Monte, nos definió: somos la sal y la luz de este mundo. Normalmente, las enseñanzas basadas en este pasaje terminan invitando a la gente a que seamos la luz y la sal de este mundo. Pero hay problema gramatical con esta enseñanza. ¿Ven cómo está conjugado el verbo?
Noten que Jesús no dijo "sean luz y sal"; dijo "ustedes son luz y sal”. La diferencia en ambas ideas es radical: la primera es una invitación; la segunda es una realidad. Es decir, Jesús no nos invitó a ser luz y sal, no dijo que era una posibilidad que podíamos o no asumir; lo que dijo es que, lo asumamos o no, lo pensemos o no, seamos conscientes de sus implicaciones o no, en realidad somos luz y sal para nuestro mundo. Todo seguidor de Jesús no debe ser luz o sal; ya es.
Así que la pregunta fundamental que levanta esta afirmación de Jesús no es si estás siendo o no la luz del mundo o la sal de la Tierra, porque ¡ya lo eres! La pregunta es: ¿qué clase de sal y de luz eres?  
¿Preservas aquello que potencialmente se puede echar a perder?
¿Le das sabor a tu entorno?
¿O eres una sal que perdió su sabor?
¿Eres un faro de esperanza en un mundo que perdió su rumbo?
¿Eres un dolor de cabeza para las tinieblas?
¿O eres una luz que se escondió debajo de una mesa?
Si somos la sal y la luz de este mundo, entonces lo que está ocurriendo a nuestro alrededor también es nuestra responsabilidad. No es un asunto de ellos; es un problema de nosotros. Si la oscuridad se expande es porque la luz se ha escondido. Si el mundo se está cayendo a pedazos es porque la sal no está conservando.
Queridos seguidores de Jesús, el mundo es el testimonio que no estamos siendo la luz o la sal que Jesús tenía en mente. En algún punto del camino perdimos nuestro sabor. A partir de algún instante nos sentimos cómodos escondiendo la luz en los Templos.
La oscuridad es una consecuencia de la falta de luz.
El mundo está como está porque la iglesia está donde está.
Ojalá tengamos la sensatez para dejar de señalar los pecados de los otros y reconozcamos que hemos pecado, que hemos fallado y que no honramos lo que somos. Nuestro mundo necesita que la sal recupere su sabor y que la luz salga de debajo de la mesa. Si la iglesia no cambia de dirección, el mundo tampoco lo hará…

 ©MiguelPulido 

4 comentarios:

Lola dijo...

Completamente de acuerdo. Tu reflexión me recuerda la canción de Santiago: "Si no llenamos la tierra".
Saludos!

Mauricio Castro dijo...

Muy buena reflexión...el asunto de fondo (y muy triste) es que desde hace rato nuestras iglesias se preocupan más por vender una episódica comodidad en aras de aumentar los números (en ese sentido nos seguimos inventado de todo); y poco nos ocupamos de salir del edificio y hacer la iglesia que Jesús predicó...digo yo, pero puedo estar equivocado...un abrazo!

Unknown dijo...

¡Qué reflexión tan superficial, subjetiva y distante de lo que la Biblia enseña! Sodoma y Gomorra son el ejemplo perfecto de lo equivocado que esta en su perspectiva sobre lo representa para una sociedad la conducta homosexual (Romanos 1:18-32). Ademas esta muy desenfocado de lo que significa e implica para Dios la expresión ser Luz y Sal de este mundo.

Miguel Pulido dijo...

¿Entonces qué significa ser Sal y Luz? Ilumínanos, por favor. (Otra vez, nota que el texto bíblico no nos está invitando a ser, sino que la conjugación del verbo es una realidad no un llamado). Por otro lado, te animo a que leas Isaías 1 y me digas cuál fue el pecado de Sodoma y Gomorra por el que se le compara al pueblo de Israel con ellos. ¿Fue sólo la homosexualidad?