miércoles, 9 de octubre de 2013

Miley Cirus Y Un Problema De Crítica Textual


Lo que la mayoría conoce: la historia.
Una mujer es encontrada en el mismo acto del adulterio. ¿Dónde está el hombre? No sabemos. Los líderes religiosos sólo arrastran a la dama hasta los pies de Jesús, pidiéndole que les dé el visto bueno para arrancar gentuza así de la comunidad. Una simple indicación y las piedras comenzarían a volar en dirección de la pecadora. Rápido. Contundente. Legal.
Sin embargo, Jesús envía una perla que nadie esperaba: “el que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”. Los acusadores se miraron sorprendidos, extrañados y descubiertos. Nadie cumplía esos requisitos. Las piedras empezaron a caer y los acusadores se dispersaron. Sólo quedaron Jesús y la mujer.
Ante la situación, Jesús le dice a la mujer una frase que sigue retumbando después de los siglos: “Ni yo te condeno. Vete y no peques más”.
Lo que la mayoría desconoce: el problema de crítica textual.
La crítica textual es una ciencia que estudia los textos antiguos para determinar, por medio de la comparación, cuál podría ser el texto más fiel al original. Como del Nuevo Testamento tenemos distintas copias, el trabajo del crítico textual es compararlos e ir viendo si hay algunas adiciones o cambios a lo largo del tiempo. Para esta ciencia, los manuscritos más antiguos tienen una mayor credibilidad, ya que son más cercanos a los eventos narrados[1].
Ahora, este es un asunto trascendente cuando estudiamos la historia de la mujer encontrada en el acto del adulterio. Según la crítica textual, esta historia no aparece en los manuscritos más antiguos. No es el del todo imposible que haya ocurrido, pero, por alguna razón, no se conservó en las copias más antiguas del evangelio de Juan. Reapareció en la historia después de unos siglos.
¿Por qué?
¿Por qué esta historia desapareció por unos siglos?
Aunque en este punto sólo nos enfrentamos a conjeturas, una de las propuestas que más me llamó la atención la leí hace algunos meses. Sostenía que algunos copistas consideraban esta historia como algo indigno del Señor. Por eso algunos la dejaron de lado o la pusieron como una nota al pie de la página en el evangelio. No querían dañar la reputación de Jesús.
Confieso que, en principio, esta propuesta me chocó. Porque la iglesia siempre ha sido un lugar de gracia. Somos personas que dan de gracia lo que han recibido de gracia. Nuestro sello característico como pueblo de Dios es que hemos sido amados inmerecidamente. A lo largo de los siglos hemos sido el pueblo que destila el amor de Dios. ¿No?
No me parecía lógica esa idea.
Hasta hace unas semanas.
El espectáculo de Miley Cirus en los premios MTV fue uno de los temas más comentados en las redes sociales. Sus movimientos evidentemente eróticos y de alto contenido sexual distorsionó por completo la imagen que muchos tenían de la inocente estrella adolescente al estilo Disney. Fue más que evidente que Hannah Montana era sencillamente un recuerdo. Y, para ponerle la cereza al postre, a los pocos días sale el video de su canción Wrecking Ball, el cual muchos catalogaron para mayores de 18 años por su fuerte contenido sexual.
Al mirar las redes sociales, me di cuenta de lo que esas apariciones generaron en el corazón de muchos cristianos. Aunque, según ellos, nunca la habían escuchado, salieron a condenar todo lo que esta chica estaba haciendo. No les interesó nunca su carrera…hasta ese momento. Cuestionaban su moralidad, su ética, su identidad. Algunos usaban palabras como “asco”, “repugnancia”, “fornicación” e “instrumento de Satanás”.
Entonces, pensé en el problema de crítica textual.
Creo que el problema no es tanto si la historia está en los manuscritos más antiguos o no; el problema es que la historia sigue ocurriendo. Ante una situación que cuestiona nuestra moralidad, seguimos tomando las piedras para apedrear a la pecadora. En esta ocasión, su nombre fue Miley Cirus, pero hubiera podido ser Andrea, Camila, Felipe, Juan o Pedro. Nos sentimos con la autoridad de lanzar a otra persona a los pies de Jesús para ver él que hace ante semejante acto tan bochornoso.
Así que pensé en una nueva posibilidad. Quizás la cuestión no es que este tipo de historia denigran el carácter de Jesús o rebajan su persona. Lo que este tipo de historias hacen es reflejar nuestra propia religiosidad.
Somos muy buenos tomando las piedras.
Pero Jesús no.
Recuerden que la frase inicial de Jesús fue: “el que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”.
Piensen en eso.
En ese lugar había alguien que podía lanzar la piedra: Jesús. Él estaba libre de pecado. Su santidad absoluta lo capacitaba para fulminar a aquella pecadora. Pero no lo hizo. De hecho, no lo hace. Jesús eligió darnos gracia cuando merecíamos juicio. Y eso siempre ha sido incómodo para los religiosos. Porque a ellos siempre les ha encantado tirar piedras.
A veces me gusta imaginar qué pasaría si Jesús se encontrará con Miley Cirus, o si leyera todo lo que se escribió sobre ella en las redes sociales, o si viera sus sugestivos videos, o si comparara la niña que era con la jovencita que es ahora. Pero ahí me doy cuenta que no es muy difícil de imaginar. Jesús conoce a Miley Cirus. La conoce tal y como me conoce a mí en mis peores días. La conoce tal y como conoce a los religiosos que lanzan sus piedras virtuales a todo el que atente contra un código moral que, seamos honestos, ni siquiera ellos cumplen al cien por ciento. La conoce tal y como te conoce a ti.
Y aún así escoge no condenarla.
Me alegra saber que Jesús ama a Miley Cirus.



[1] Por supuesto, es una ciencia bastante compleja. Se comparan palabras, letras, repeticiones, asuntos sintácticos, detalles lingüísticos, entre otros. Aquí sólo estoy tratando de explicar la esencia para que tengan una idea general de lo que se trata.

3 comentarios:

gabriel dijo...

que bueno, por estos días recibí una noticia esperanzadora, alguien cercano a mí está libre de una enfermedad terminal. ella ha escondido su vida sexual de la iglesia y la familia y yo mismo la he condenado más de una vez. pero ese mismo Señor que no juzgó a esta mujer ha dado salud en 2013 a otra. espero no esconder la historia comentando al pié de la página, espero evidenciar el amor del maestro a aquellos que transgreden nuestra religiosidad

hector echeverry dijo...

Se marchó agraciada, no condenada.Qué bueno que este pasaje "sobrevivió" a los estudiosos.Lanzamos fango en lugar de piedras. Gracias profe por su aporte.

Anónimo dijo...

Muy buen aporte... yo he llegado a pensar que esos que quisieron apedrear a la mujer adultera son como muchos de nosotros los religiosos, pastores, lideres, etc., que en muchas ocaciones escondemos nuestro pecado debajo de la alfombra del juicio. Los mismos que juzgan y critican a tal cantante son los mismos que hacen click a las imagenes y videos con intenciones de satisfacer los deseos propios inmorales, los cuales son igualmente desagradables a Dios. Si en los corazones de esos hombres que quisieron apedrear a la mujer adultera no existia misericordia, ni perdon, lo mas probable era que esos corazones estaban tambien cargados de cualquier otro pecado. Es decir, es muy probable que esos hombres hubieran contemplado la posibilidad de desaprovechado de adulterar o fornicar con tal mujer. Los pecados que criticamos y juzgamos a veces son nuestros espejos.