jueves, 2 de mayo de 2013

No Todo Lo Que Hay En La Biblia Es Verdad


Job.
Algunos sostienen que es uno de los libros más antiguos que conocemos. Incluso parece que su historia es anterior a la de Abraham. La opinión de muchos es que Job es una historia. La respuesta sí y no. Sí, porque cuenta los eventos del sufrimiento de Job. Pero no, porque, si lo lees con detenimiento, te das cuenta que el libro es más una colección de diálogos que una historia. De los 42 capítulos del libro, ¡más de 39 son memorias de diálogos!
No sabemos cuánto duró el sufrimiento de Job o cuánto duraron los diálogos, pero sí sabemos quiénes son los personajes que dialogan: principalmente, Job y su tres amigos: Elifaz, Bildad y Zofar. Sus palabras surgen como análisis de la situación de Job. Semejante dolor tenía una explicación, ¿no? Y, por supuesto, ellos la sabían. Durante decenas de capítulos del libro vemos a estos tres amigos en una especie de laboratorio argumentativo donde el sufriente Job es el ratón de análisis.
¿Les suena familiar?
¿Conocen esas personas que ante el sufrimiento siempre tienen una explicación?
¿Han escuchado esa gente que sabe porqué ocurre todo?
Uno de los argumentos que más se reiteran en los discursos de los amigos de Job es que el sufrimiento es un castigo divino. Según ellos, Job estaba recibiendo las consecuencias de su pecado. Es la ley de causa y efecto: recibes lo que te mereces. En otras palabras, Job tenía su merecido. Porque lo malo sólo le pasa a gente mala.
Uno podría pensar que esas explicaciones son retrógradas, anticuadas, que sólo se le ocurrían a personas de otras épocas. Pero la historia no ha cambiado tanto. Claro, ahora tenemos computadores, celulares más inteligentes que muchas personas, equipos médicos de última tecnología, curas para muchos males; pero, aún así, cuando sufrimos en nuestro corazón surge una pregunta tan primigenia como nuestra raza: ¿qué hice para merecer esto?
Seguimos considerando que el infinito Universo de Dios se rige por una eterna ley de causa y efecto.
Pensamos que todo sufrimiento es la forma de pagar una deuda cósmica.
Por eso muchos aprobarían los discursos de los amigos de Job.
Me he encontrado con personas que perpetúan los discursos de Elifaz, Bildad y Zofar. Por lo general, son personas cristianas. Cuando ven alguna tragedia, normalmente recurren a la explicación del tipo “eso le pasa a uno por andar pecando”. He escuchando sus incómodas voces incluso en momentos tan dolorosos como velorios o lugares tan oscuros como salas de cuidados intensivos. Desde mi perspectiva, son una especie de plaga que se disipa con mucha facilidad. En lugar de traer consuelo ahondan las penas. Generan rencor contra Dios. Provocan una inseguridad desesperante. Porque ¿quién se puede sentir seguro si siente que Dios siempre tiene una deuda por cobrarnos? ¡Con razón hay tantos religiosos esquizofrénicos!
El dolor plantea muchos inconvenientes y levanta muchas preguntas, especialmente si no tiene una explicación aparente. Es extremadamente doloroso cuando sufrimos aunque lo estamos haciendo todo bien. Pero esas cosas pasan. No sólo los pecadores más temibles se enfrentan al dolor. La gente buena también sufre. No todo es cuestión de causa y efecto. La vida es más complicada que eso.
Los amigos de Job y los religiosos esquizofrénicos de nuestra época no siempre tienen toda la razón.

Porque no todo lo que hay en la Biblia es verdad.

Y eso es esperanzador.

Hacia el final del libro de Job, Dios entra en los diálogos. El Creador interviene en las conversaciones y análisis que se estaban haciendo sobre el sufrimiento humano. Y casi concluyendo sus palabras le dice a Elifaz lo siguiente:
Estoy muy irritado contigo y con tus dos amigos porque, a diferencia de mi siervo Job, lo que ustedes han dicho de mí no es verdad.
(Job 42:7)
¡Así como lo oyen!
Más de la mitad del libro de Job, en palabras de Dios, no es verdad. Las palabras de estos amigos de Job, sencillamente, no son ciertas. Este verso, por lo tanto, nos regala un prisma de esperanza al leer los sufrimientos de Job y en general el dolor humano. Porque Dios no es un ser desalmado que disfruta con nuestras miserias. Tampoco es un desocupado contador cósmico de pecados que no tiene nada más que hacer que llevar una cuenta en nuestra contra para luego cobrarnos. Dios no es un celador invisible que espera nuestro más mínimo desliz para hacer llover su ira sobre nosotros. Job no sufrió porque era un pecador con el cual Dios se había ensañado.
Los análisis de los amigos de Job no son verdad.
Y eso es bueno.
Porque nos recuerda que Dios es, en su esencia, amor. Él no es un sádico que disfruta con tus lágrimas. De hecho, en la cruz él se identificó contigo, caminó en tus zapatos, vivió las injusticias de un mundo caído, fue humillado, maltratado, abusado. Dios también sufrió. Y lo hizo por ti.
Obviamente, los pecados tienen consecuencias, como cada una de nuestras decisiones (buenas o malas). Pero no siempre sufrimos porque tenemos una deuda por saldar. No es verdad que Dios disfrute haciendo nuestra vida miserable. ¡No te dejes engañar! Si alguien sostiene eso, es mentira.
Porque la cruz es la muestra máxima de esta verdad:
Dios pagó con bien nuestro mal.
Aunque nosotros le habíamos fallado, le escupimos en la cara y nos reímos de su miseria, Jesús clamó por el perdón del Cielo para la humanidad. Él se ofreció en nuestro lugar. Jesús absorbió sobre sí mismo las consecuencias de todos nuestros pecados. La deuda está saldada. Todo está consumado.
Así que la próxima vez que escuches discursos como los de los amigos de Job, recuerda que lo que ellos dijeron acerca de Dios no es verdad. Está consignado en la Biblia, pero no es cierto.
Recuerda que hay una verdad más fuerte que cualquiera de los discursos que podamos hacer sobre el sufrimiento humano.
Y esa verdad estuvo en una cruz por amor a ti.

©MiguelPulido 

1 comentario:

Pedro Morales dijo...

Gracias Señor por usar a Miguel. Gracias Miguel por dejarte usar por el Señor. ¡Es verdad, no todo es verdad!