jueves, 18 de abril de 2013

¡La Lista Es Más Larga!


Esta semana se estuvo debatiendo en el Congreso la propuesta de aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por primera vez en mi vida puse el canal de esa institución para ver lo que ocurría. Tanto promotores como detractores tuvieron la oportunidad de hacer su intervención. Incluso había barras de ambos bandos presentes. De lado y lado los ánimos estaban caldeados. Fue una discusión muy acalorada.
Si en aquel recinto la situación era complicada, afuera el panorama no era muy distinto. Cientos de personas se congregaron en la Plaza de Bolívar para hacer sentir su voz. Al parecer, el primer grupo en llegar al lugar fueron los que rechazaban el matrimonio homosexual. En su mayoría, este grupo estaba integrado por cristianos. Posteriormente hicieron su arribo representantes de la comunidad LGBT, quienes llegaban en parejas para reclamar que se aprobara el proyecto.
Dos lados de la balanza en un mismo lugar.
Mucha tensión.
Como se imaginarán, este tipo de encuentros masivos y significativos fueron anunciados con antelación en las redes sociales. La convocatoria se hizo de muchas maneras con tal de llegar a la mayor cantidad público. Dado que muchos de mis contactos son cristianos, tuve que toparme con la misma información una y otra y otra vez.
Pero hubo una invitación que llamó mi atención. Esta contenía toda la información de la convocatoria y, hacia el final, agregaba una cita bíblica para respaldar la posición contraria al denominado “matrimonio igualitario”. Como pasa en la mayoría de estos temas, hacían alusión a Romanos 1:26-27.
Me tomé el trabajo de revisar la sección a la cual pertenecían esos versículos. Allí, Pablo está argumentando el hecho de que todos los seres humanos, sin importar nuestro trasfondo, nacionalidad, género o cultura, le hemos dado la espalda a Dios. Abrazamos nuestro pecado; rechazamos a nuestro Creador. Aunque tenemos el testimonio de la existencia de Dios en la Creación y en nuestra conciencia, persistimos en la maldad cuantas veces nos es posible. Y la maldad tiene la característica de crecer exponencialmente. Por eso no es extraño que comportamientos que sonrojarían a nuestros antepasados hoy sean descritos como “normales”. Así nos enfrentamos a un terrible ciclo en el que catalogamos como retrógrado o medieval cualquier vestigio de bondad que nos hace reflexionar sobre nuestro caminar. Nuestro progreso es hacia el mal.
Hemos despreciado el diseño de Dios.
Por eso nuestra sociedad está destruyéndose.
Dentro de las evidencias (no generadores) de esta decadencia, Pablo menciona las relaciones homosexuales. El hecho de que tanto hombres como mujeres atenten contra la naturaleza de su constitución es una muestra de que algo no está bien. Es parte de una creciente espiral de rechazo al diseño divino. Sin embargo, notemos algo: Pablo menciona estas acciones como una consecuencia, una manifestación de que algo ya anda mal. Claro, seguir el mismo camino va a generar más mal. Pero no pensemos que ese tipo de comportamientos son los detonantes de una sociedad dañada.
¡Nuestra sociedad ya está dañada!
Esto cambia nuestra perspectiva en cuanto al debate sobre el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Muchos de nuestros argumentos apuntan a que no queremos que nuestros hijos se críen en una sociedad sin valores. ¡Por favor! Hay que ser ciego para no darse cuenta que nuestra sociedad ya le dio la espalda a Dios desde hace mucho rato. La proliferación del homosexualismo es sólo una muestra de eso. Aunque muchos cristianos lo han presentado como todo el problema, eso ¡simplemente no es cierto! Como dijo mi estimado colega Jovanni Caballero: “Lo homosexual se ha absolutizado y lo demás se ha relativizado”.
Si leen con cuidado el resto de Romanos 1, se darán cuenta que Pablo no cierra el tema en los actos homosexuales.
¡La lista es más larga!
Las manifestaciones de nuestra depravación incluyen la perversidad, la avaricia, la mentira, la envidia, la rebelión contra los padres, la deslealtad, la insensibilidad. Siendo honestos, nuestro entorno–y aún nosotros mismos–caemos dentro de varios de estos pecados. Colombia está inundada de envidia. La insensibilidad es plato de todos los días. Las mentiras se justifican como “piadosas”. Miren las cuentas de los políticos y me dicen si la avaricia no es más que obvia. Hay niños que desde temprana edad se rebelan contra todo tipo de autoridad paternal. Incluso en ciertos contextos se promociona la deslealtad en matrimonios heterosexuales bajo el título de “relaciones abiertas”.
Es ahí donde se levantan muchas preguntas:
¿Por qué Jesús protestó en un sitio público en contra de la corrupción del sistema y no del homosexualismo, aunque ya existía en su tiempo?
¿Qué pasaría si los cristianos invirtiéramos la misma fuerza que invertimos en campañas contra el matrimonio homosexual en promover la equidad social en nuestra tierra?
¿Por qué ningún cristiano protestó, por ejemplo, porque los Nule se han burlado 20 veces de la justicia con mentiras y excusas tontas? ¿Por qué no rechazamos su avaricia?
¿Haríamos campañas para exigir que se nos diga la verdad en cuanto a los falsos positivos?
¿Utilizaríamos carteles y nos pararíamos en frente de los colegios que están incapacitando a los padres para ejercer la autoridad que Dios les dio?
¿Convocaríamos a una protesta contra los noticieros, que cada vez nos están haciendo más insensibles?
Pensar que el matrimonio homosexual va a acabar con los valores de la sociedad es equivocado. La verdad es que ya estamos en una sociedad que le dio la espalda a Dios. Y mientras enfocamos todas las fuerzas en este asunto, hemos descuidado muchas realidades a nuestro alrededor que están pidiendo que la luz llegue a la oscuridad. 
Al desconocer que la lista de Romanos 1 es más larga, nos hemos olvidado que nuestra sociedad está clamando desde hace mucho tiempo porque los hijos de Dios muestren la cruz a un mundo en tinieblas. Nuestro entorno se está desmoronando desde hace rato y nosotros hasta ahora nos damos cuenta.
¡Ojalá Dios nos dé una nueva oportunidad!
¡La necesitamos!

©MiguelPulido

1 comentario:

hector echeverry dijo...

El expresdiente Marco Fidel Suarez,usaba coloquialmente una frase a propósito de estas situaciones donde se cree estar haciendo algo muy importante, pero, sin saberlo,estás jugando el "juego" que "ellos" desean: "Miren la estrella Polar". Muy buen comentario. Gracias, Miguel