jueves, 10 de noviembre de 2011

Reflexiones Sobre La Invisibilidad


Estoy planeando hacer una serie de enseñanzas sobre preguntas que tenemos acerca de Dios. Para eso, por supuesto, decidí escuchar lo que la gente tenía por decir. Se me ocurrió la grandiosa idea de poner en mi Facebook algo así: “¿qué le preguntarías a Dios”. No pensé que la cantidad de cuestionamientos fuera tan abrumadora. Decenas y decenas de preguntas llenaron los comentarios de mi estado. No había preguntas demasiado tontas ni ingenuas; todas reflejaban dudas profundas acerca de la fe.

¡Me pareció fantástico!

Porque creo que el cristianismo no es un suicido intelectual. Creer es también pensar. Como seguidores de Jesús estamos llamados a utilizar nuestro cerebro en tratar de enfrentar las preguntas complejas. Es peligroso pensar que la fe es contraria a la razón. Claro, en algún punto la fe sobrepasará la razón, pero no la ignorará. Son dos asuntos completamente distintos.

Además, he notado que muchas veces las personas (especialmente los jóvenes) no se sienten interesadas por lo que se enseña en el contexto de una iglesia. Las reflexiones son casi predecibles. No son malas; sencillamente, a veces no son relevantes. Y eso sucede porque damos respuestas a preguntas que la gente no se formula en su cotidianidad. Son respuestas, pero que no apuntan a preguntas que laten en el corazón de la persona promedio. Escuchar lo que la gente tiene que preguntar, por lo tanto, no es opcional; es fundamental.

Una de las preguntas que más me ha puesto a pensar en los últimos día fue la de un amigo: ¿por qué Dios es invisible? De entrada les digo que es casi seguro que no encontrarán aquí una respuesta contundente e irrefutable. Más bien, lo que propongo son una serie de reflexiones al respecto.

Lo primero que tenemos que preguntarnos es ¿qué significa “invisible”?

Según la Real Academia de La Lengua Española, invisible es algo que no puede ser visto[1].

Bueno, esa definición cierra bastante el espectro de acercamiento. Porque lo que podemos ver, en el fondo, es algo bastante limitado.

A menos que hayas tenido la oportunidad de viajar al espacio (aunque admito que sería un honor tener a un astronauta como lector), la Tierra es invisible para ti. Tú puedes ver una parte mínima de la Tierra. Porque estamos dentro de la Tierra. Y es imposible ver la totalidad de algo que nos contiene. Es decir, es algo que podemos y no podemos ver. No es invisible, en un sentido, pero no podemos verla como un todo.

Sabemos cómo es la tierra por las fotografías satelitales. Eso significa que estamos confiando en el testimonio de otros para saber cómo es la Tierra. Creemos en lo que otros han visto y nos muestran. Ahora, lo interesante es que muy pocos están dispuestos a cuestionar esas fotografías de la Tierra, aunque nunca la han visto (en un sentido). Seguramente tildaríamos de loco al que se acerque a la NASA a decirles que no cree que la Tierra sea azul y verde porque no lo ha comprobado con sus propios ojos.

Lo que es más grande que nosotros lo vemos y no lo vemos.

Estrictamente hablando, la Tierra es invisible. Vemos una parte de la Tierra.

Pero también lo más pequeño es invisible. Tú y yo sabemos que los átomos son los elementos constitutivos de la materia; a su vez, los átomos están compuestos por electrones, protones y neutrones; a su vez, los electrones, protones y neutrones contienen paquetes de energías que denominamos “quark”; y así infinitamente. Si eres muy afortunado, seguramente has visto una célula o un átomo; pero sólo lo has podido hacer con la ayuda de potentes microscopios. Si contaras únicamente con tus ojos, no lo podrías hacer, no los podrías ver. Serían invisibles. Verías los resultados de la unión de millones y millones de átomos (por ejemplo, en un ser humano), pero no verías los átomos.

Ahora, lo interesante es que muy pocos están dispuestos a cuestionar la existencia de los átomos, aunque muy pocos lo hemos visto y necesitamos la ayuda de ciertos elementos para verlos. Seguramente tildaríamos de loco al que diga que no cree en los átomos porque no puede verlos.

Que no los veas no quiere decir que no existen.

Sumémosle a nuestra limitación visual el hecho de que estamos circunscritos al tiempo y al espacio. Tú y yo no podemos estar en dos lugares a la vez. Tampoco podemos ir atrás y adelante en la historia. Seguramente tú no negarás la existencia de Mao, Alejandro Magno o Nerón, aunque nunca los viste. Ellos se encontraban en un espacio y tiempo diferentes al nuestro; por lo tanto, son invisibles para nosotros.

Ahora, lo interesante es que muy pocos estarían dispuestos a cuestionar la existencia de esos personajes, aunque ninguno de los presentes en este tiempo y espacio los vio. Que no los podamos ver no significa que no existieron.

En conclusión: la invisibilidad de alguien o algo no implica que no existe; significa que, por alguna razón, escapa a nuestra capacidad de verlo. Se encuentra fuera de nuestro radio de visibilidad.

Lo que existe va más allá de lo que observamos.

Esto nos lleva a una cuestión fundamental: ¿por qué confiamos más en lo que podemos ver, aún cuando nuestra capacidad es bastante limitada?

¿Por qué creemos en lo que vemos, siendo que la existencia es de hecho mucho más amplia en lo que no vemos?

¿Por quEn el primer siglo hubo un hombre que dijo ser Dios. or sentado que la Tierra es de cierta forma, que los y espacio los vio. a é cuestionamos la existencia de Dios por su invisibilidad, pero damos por sentado que la Tierra es de cierta forma, que los átomos son reales y que Nerón existió?

¿En qué cambiarían las cosas si Dios se hiciera visible?

En el primer siglo hubo un hombre que dijo ser Dios. Sus declaraciones fueron contundentes, su ejemplo arrollador y su vida intachable. Él dijo que venía a mostrar que Dios amaba a la humanidad y que quería reconciliarse con ella. Ese hombre murió asegurando que su muerte restablecería la relación quebrada que había entre el Creador y la Creación.

Dios se hizo visible en Jesús.

Y lo matamos.


2 comentarios:

Cristian Otavo dijo...

Uyyy varón y pastor excelente tu artículo... me gusto bastante... no me quedo claro si estamos sobre la tierra o dentro de la tierra... pero me gusta tu reflexión algo metafísica y ontológica... Creo que has despertado en mi nuevamente ese deseo de leer a Heidegger y su existencia de la nada... muy bueno..

Anónimo dijo...

Excelente! Eso confirma el hecho de que el mundo espiritual invisible...el de la guerra espiritual es real aunque no lo vemos.