viernes, 1 de julio de 2011

Las Cosas No Son Como Deberían


En la actualidad hay más de 6 mil millones de personas en toda la tierra. Mil millones de ellas no tienen acceso a agua potable. 800 millones se van cada noche a su cama con el estómago vacío. Hay 3 mil millones de seres humanos que no podrían entender este párrafo, ya que no saben leer ni escribir.

En nuestro planeta hay más de 2 mil millones de niños y niñas. La mitad de ellos vive en pobreza.

Y, como si fuera poco, el 20% de la población mundial consume el 86% de los recursos que existen.

¿Qué sientes al leer estas estadísticas?

¿Te sientes bien o te sientes mal?

¿Qué tal si dejáramos de pensar en función de números y pensáramos en las personas que están sufriendo?

¿Qué le dirías al niño que pregunta a su madre sobre la desigualdad que hay nuestro planeta?

Yo estoy escribiendo este mensaje desde un computador. Eso quiere decir que tengo un mayor acceso a los recursos que el 80% de los seres humanos. Me encuentro en el lado indicado de la balanza.

Pero no me siento completamente bien.

Algo dentro de mí me dice que las cosas no son como deberían. La desigualdad, la injusticia, el hambre, la violencia, la enfermedad, la corrupción, el odio, el rencor, la envidia, el asesinato, el chisme y el robo son realidades que generan una disonancia incómoda con la armonía que se supone debería existir. Sé que me entiendes; tampoco te sientes completamente bien. Ves al mundo y sabes que hay algo mal.

Ahora, si sabemos que hay algo mal, entonces también sabemos que existe algún bien. Nuestra mente está diseñada para entender las realidad no sólo por comparación, sino también por contraste. Por ejemplo, reconocemos la luz en tanto que es el opuesto de la oscuridad; sabemos que hay frío porque es el contrario del calor. Asimismo, sabemos cuando que hay mal porque o (1) hemos visto el bien o (2) intuimos que eso no está bien. Y digo “intuimos” porque no siempre hemos tenido la experiencia de igualdad absoluta en el mundo, pero por alguna razón (que no podemos explicar del todo) sabemos que los pequeños destellos de justicia que observamos deberían ser una constante, no una excepción.

Por siglos, los judíos (y posteriormente los cristianos) han contado una historia. Esta historia sostiene que hay un Dios que creó todo lo que existe. Aunque eso es extraordinario, no es extraño. Porque desde el comienzo de los tiempos el ser humano ha contado múltiples historias sobre el origen del universo. Incluso antes de que el Génesis se escribiera ya existían relatos mesopotámicos sobre la formación o el origen del cosmos. Así que la historia narrada por los judíos no es revolucionaria porque hablara del origen del universo—eso ya lo habían descrito otros—, sino porque dice que hay un Dios que creó este mundo bueno.

¡Magnífico!

Todas las historias que se habían contado hasta ese momento sobre el origen de todas las cosas llegaban a la conclusión de que este mundo no era bueno. Sí existía un mundo bueno: ¡el de los dioses! Pero este mundo era una copia barata y mal hecha de una realidad ideal. Había otro mundo ideal, pero no era este.

Sin embargo, en el centro mismo de la narración judía de la historia se repite este estribillo sin cesar: “y vio Dios que era bueno”, refiriéndose a todas y cada una de las cosas que él creó. En otras palabras, en el relato del Génesis encontramos que sí existe un mundo ideal: ¡el que Dios creó! No hay otro mundo ideal; es este.

Este mundo es bueno.

Yo no sé si tú crees o no crees en Dios. Tal vez creas en Dios, pero no consideras que él es el Creador. Probablemente piensas que estamos aquí por casualidad. O quizás tú piensas que existe otro mundo mejor, pero no es este. No sé exactamente en qué punto te encuentras. No obstante, creo que estarás de acuerdo conmigo en esto: en nuestro mundo algo no anda bien. Seas ateo o cristiano, al echarle un vistazo a nuestra tierra sabrás de qué estoy hablando.

Sabes que el mundo no está bien.

Pero no debería ser así.

Porque no fue diseñado de esa forma.


La historia que algún día contaron los judíos nos dice que fuimos creados para un lugar que aún no conocemos. No es otro mundo; es este mundo como debería ser. Aunque estamos en él, sabemos que no es todo lo que podría ser. Es una preciosa bailarina que apenas está dando sus primeros pasos. Por eso, si deseas seguir escribiendo esta historia, ayúdala a caminar. Sigue mostrándonos destellos de la bondad que late en el centro de este planeta que llamamos “casa”. Si piensas que lo tuyo es apenas un “granito de arena”, no te desanimes; recuerda que las playas no existirían si no hubiera granitos de arena. Deléitanos con la justicia, la paz, el amor, la esperanza, la bondad, el cuidado, la hermandad, el perdón, la reconciliación.

Según la historia que contaron los judíos, esa es tu responsabilidad como ser humano.


Porque la creación sigue clamando por la manifestación de los hijos de Dios.


2 comentarios:

luis miguel mantilla dijo...

En Génesis podemos ver, que a diferencia a lo que se a enseñado tradicionalmente, que el hombre fue creado para adorar a DIOS; DIOS por cinco días le habla al caos, y en el sexto y de hay en adelante se dirige solo al hombre, con el deseo que al escucharlo su Fe crezca y pueda dominar el ambiente en el que vive, pero como usted plantea en el texto las cosas no están como debieran, entonces yo planteo: ¿estamos escuchando lo suficiente la voz de DIOS? y si la escuchamos ¿porque no logramos ser relevantes?

Miguel Pulido dijo...

Luis Miguel, tus preguntas me parecen muy válidas y acertadas. Sin embargo, por el énfasis que le di al artículo no se podían responder, ya que lo que qería mostrar es que las cosas están mal precisamente porque estamos yendo en contravía a lo que Dios estableció para nosotros.
Gracias por tu aporte!