jueves, 3 de marzo de 2011

El Caso De La Lechuza


En la última fecha del fútbol colombiano pasó algo que centró la atención del público en un reconocido estadio del país. No fueron los goles, las jugadas mágicas, las atrapadas de ensueños o las estrategias técnicas. Pero lo ocurrido sí involucraba a un futbolista. No fue su talento o sus chispazos de genialidad; fue su reacción desmesurada ante una situación inesperada. Resulta que en ese estadio habitan varias lechuzas, pero una en particular tenía la costumbre de sobrevolar el campo de juego en los partidos del equipo local. Algunos sostienen que era un amuleto de buena suerte: cuando la lechuza sobrevolaba el campo de juego, el equipo local ganaba.

Sin embargo, el último vuelo de la lechuza no fue afortunado.

El animalito, como de costumbre, empezó a planear sobre el campo de juego. Sus alas se abrían imponentes sobre los cielos mientras el balón rodaba sobre el césped. No sé si por coincidencia o no, el equipo local empezó a dominar el juego. Hizo los goles necesarios para irse adelante. Antes perdían, ahora triunfaban. Y la lechuza seguía sobrevolando el estadio. Pero dejó de hacerlo. Tal vez se cansó o el viento fue más fuerte que su resistencia, en todo caso el animalito aterrizó sobre el césped, con tan mala suerte que en ese momento y en ese lugar había una jugada en movimiento. ¡Pum! El balón golpeó al animalito. Fue un impacto que lo dejó mirando hacia el cielo que hace un momento estaba volando.

Entonces, ocurrió lo más impresionante.

Uno de los jugadores que estaba cerca del animalito malherido se dirigió lentamente hacia él. Mientras todo el estadio observaba, este hombre se paró al lado de la lechuza. Entonces… ¡Pum! Con una fuerza desmedida pateó a la lechuza hasta las fronteras del campo de juego.

Todo el estadio abucheó al hombre.

Algunos jugadores se indignaron.

Otros ignoraron la situación.

Y la lechuza no resistió. Murió[1].


Los noticieros no perdieron su oportunidad: tenían la nota perfecta para cumplir con el amarillismo semanal.

Tomaron varios de sus minutos al aire para hablar sobre esta situación: entrevistaron al jugador; lo filmaron mientras se arrepentía por lo sucedido; pidieron la opinión de futbolistas y personas del común sobre lo que ocurrió. Hasta hicieron una biografía del animalito con música melancólica. Pasaron sus sobrevuelos en cámara lenta mientras el narrador decía palabras profundas. Verdaderamente, era un hecho muy triste.

La reacción de la gente no se hizo esperar. Puedes echar un vistazo a las diferentes redes sociales para darte cuenta que muchos manifestaron su indignación por la muerte del animalito. El caso de la lechuza causó conmoción. Leí decenas de estados en Facebook que pedían la cárcel para el futbolista, que recordaban a la lechuza, que hablaban en contra del asesinato de los animales, que llamaban ‘animal’ al jugador que pateó a la lechuza y que pedían justicia ante el hecho. Pero uno que me llamó la atención decía literalmente así:

“yo creo que si Moreno (el jugador que pateó la lechuza) en lugar de patear una lechuza hubiera torturado, humillado y asesinado un toro hoy no seria un villano sino un héroe. Moral, moral, tenemos tanta que tenemos dos”

Me parece un comentario muy claro y muy cierto. Porque mi país es uno de los pocos que todavía acepta las corridas de toros. Y una corrida de toros implica el asesinato de un animal. Se hace sobre la arena con un toro lo que se hizo sobre un césped con una lechuza.

Desde ningún punto de vista está bien que el ser humano maltrate a los animales.

Dios nos creó para ser administradores, no torturadores.

Por eso cuando un ser humano daña a otro ser creado está haciendo menos de lo que Dios quiere que haga. Está siendo menos que un ser humano. Porque no está cumpliendo con su vocación, con su llamado; está dándole deliberadamente la espalda al propósito divino.

Lo que este comentario dice es cierto.

Sin embargo, me parece que perdió un punto fundamental.

En el mismo noticiero donde se dio la nota sobre la lechuza se habló de las cifras de abortos en las jovencitas de edad universitaria en Colombia. Según las estadísticas, 4 de cada 10 de estas jovencitas que quedan embarazadas abortan su bebé. ¡Eso es terrible! Un ser humano asesinando a otro ser humano es horroroso. Pero eso no es todo. En ese mismo noticiero donde se dio la nota sobre la lechuza contaron que un niño había asesinado a su amiguito porque se le disparó el arma con la que jugaban. ¡Eso es terrible! La irresponsabilidad de un adulto que (por la razón que fuera) decidió tener un arma y no la mantuvo lejos de su familia terminó en una tragedia. Pero eso no es todo. En ese mismo noticiero donde se dio la nota sobre la lechuza se mostraron historias de corrupción política en el país. ¡Eso es terrible! Las personas que se supone están al frente del país piensan más en sí mismos que en los demás.

Pero eso no es todo.

Sobre esas otras notas nadie dijo nada.

Nada.

No sé si fue porque no pusieron música melancólica o porque ya estamos acostumbrados a ese tipo de eventos. No sé si el excepcional caso de la lechuza nos hizo reaccionar ante una realidad atroz. No sé si la muerte del animal nos hizo caer en cuenta que las cosas no andan bien. Pero sí sé que guardar un equilibrio moral es muy complejo. Porque si estamos dispuestos a juzgar al hombre que acabó la vida de ese animalito, entonces también debemos sentar nuestra voz de protesta contra todos esos casos de injusticia que hay en nuestro mundo justo ahora, tanto con seres humanos como con animales. Tal vez los noticieros no lo muestren como un gran caso, pero sigue siendo la realidad.

Ojalá que nuestra moralidad no siga siendo moldeada por el amarillismo televisivo.

Ojalá que no sigamos matando animales.


Y ojalá que dejemos de matarnos a nosotros mismos.



[1] Cabe aclarar que no murió el mismo día, sino un par de días después del incidente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

la gente que condeno al jugador es gente vil, en realidad desahogan sus frustraciones personales en ese pobre hombre.
muy mal.