sábado, 5 de febrero de 2011

Forma Y Fondo (Parte I)


Cuando se escribieron los libros que hacen parte de la Biblia, el mundo era muy diferente al que conocemos hoy. Aunque esto parezca obvio, vale pena aclararlo. Porque significa que el estudiante de la Biblia debe tratar de entender lo que el autor quiso decir en su momento. Así, la primera búsqueda del estudiante de Las Escrituras debe ser por lo que el texto significó. Debemos preguntarnos, antes que cualquier otra cosa, lo que el autor le dijo a sus primeros lectores.

Estudiar la Biblia es emprender un viaje al pasado.

En este sentido, debemos caer en cuenta que nosotros no somos los primeros lectores. La Biblia no fue escrita inicialmente para nosotros. Mateo, Marcos, Lucas o cualquiera de los autores bíblicos escribieron sus obras para personas que son distintas a nosotros. No tenían en mente a la iglesia occidental del siglo XXI que leería los evangelios en sus IPads. Por eso la primera pregunta que nos debemos hacer es “¿qué significó el texto?” y no “¿qué me quiere decir el texto?”.

La primera pregunta se enfoca en ellos. Y sólo después preguntamos por nosotros.

Porque no puede haber “nosotros” sin “ellos”.

Si respetamos la Biblia como un cuerpo de literatura y aceptamos su dimensión histórica, entonces debemos hacer un esfuerzo por entender las formas en las que se transmitió el mensaje y, por supuesto, el contexto en el que se dio. Debemos observar cuidadosamente las palabras que se dijeron de una manera, con un propósito y en una situación específica. Forman (y formaron) parte de una realidad histórica concreta, la cual debemos explorar para entender el valor de su(s) mensaje(s).

Dios habló en la historia. Y por ese hecho, debemos tratar de entenderla. Porque es de esa manera que podemos conocer el valor de Su Palabra, la cual trasciende las fronteras de la cultura, el idioma, la geografía y la historia.

Cuando entendemos esa historia (la de La Biblia), nuestra historia es transformada.

Esa historia cambia la nuestra.


Pues bien, hablando de este tema de la historia, recordemos que los escritores bíblicos no tenían a la mano un computador o ni siquiera una imprenta para hacer circular sus obras de arte. De hecho, los documentos que existían en ese entonces eran muy costosos. Escribir era una tecnología; y como toda tecnología, era costosa. Así que, por un lado, no todo el mundo tenía una biblioteca o un libro en su casa; por otro lado, los escritores debían idear formas de transmitir su mensaje para que la gente los recordara cuando se leyeran en público[1].

La memorización era, en ese entonces, un valor educativo muy alto[2].

Lucas, como muchos otros autores bíblicos, utilizó uno de esas formas literarias para que los primeros oyentes de su evangelio recordaran lo que él había contado. Esa forma literaria se llama inclusión (inclutio). Consta, fundamentalmente, de tres partes, como un sándwich: un pan, el queso y el otro pan. El autor nos empieza a contar una historia, luego pone otra (como si fuera una interrupción) y luego concluye con la primera historia que nos empezó a contar. Lo interesante es que ambas historias, de alguna forma, están relacionadas. Aunque por mucho tiempo se dijo que los autores de la Biblia no sabían escribir y parecían tejedores de una colcha de retazos, los eruditos bíblicos han demostrado que eso no es del todo cierto. Hay tantas evidencias de esta forma de escribir a lo largo de toda la Biblia que es imposible concluir simplemente que todos se equivocaron de la misma manera. ¡Eso no es lógico! Más bien, esto nos muestra que era una manera (muy común, por cierto) como los escritores bíblicos transmitieron su mensaje para que fuera recordado.

La inclusión no es una equivocación; es parte de la intención del autor.

No es una forma burda de unir dos relatos que no tienen nada que ver, sino que es una manera muy sutil de relacionar dos historias aparentemente dispares.

La forma y el fondo tenían una relación inseparable. La forma contenía un fondo que no podía ser descrito de otra manera. Y el fondo era recordado por la forma en la que era transmitido.


En el próximo post estaremos adentrándonos en una historia en la que Lucas usó la inclusión. Y trataremos de descubrir el fondo que tiene esa forma.


Hasta la próxima.



[1] Hace poco leí un excelente artículo sobre el tema de la tradición oral. Si pueden buscarlo y leerlo, vale la pena: Kenneth Bailey, “La Tradición Oral Informal Controlada Y Los Evangelios Sinópticos” En: The Asian Journal Of Theology. Vol. 5.1 (Abrill 1991). Pp. 34-54.

[2] Para un comentario detallado de cómo funcionaba la memorización en la Biblia por parte de las escuelas rabínicas, véase: Rob Bell, Una Obra De Arte Original: ¿Puede Redefinirse La Fe Cristiana? Miami: Editorial Vida. 2010. Pp. 107 ss.

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