viernes, 21 de mayo de 2010

Adoración Ofensiva

Reflexiones en Isaías Capítulo 1


El comienzo del libro de Isaías no es para nada inspirador. Es un comienzo chocante, doloroso, condenatorio. La visión que Isaías comienza a contarnos no es precisamente alentadora. Con los cielos y la tierra como testigos, Dios declara a su pueblo como unos hijos rebeldes. Su rebelión los ha llevado por un camino contrario al que ha establecido el Señor. Su comportamiento no es comparable al de un burro o un asno. Porque un asno conoce a su dueño. Pero Israel no sabe ni quién es Dios.

En otras palabras, Dios le dice al pueblo: “un burro sabe más que ustedes”.

La rebelión idiotiza.

Es tan tonto como seguir dándose golpes contra una pared. Es herirse voluntariamente. Es dañarse a sí mismo. No es sólo un problema ‘espiritual’, no es sólo darle la espalda a Dios; la rebelión es un maltrato a sí mismo.

El pueblo de Dios comprobó esa verdad.

Ya están heridos. Sus llagas están abiertas.

Pero insisten en su rebelión.

Porque aunque la rebelión dañe, siempre es una opción.

La recriminación de Dios contra el pueblo es, precisamente, que ha escogido esa opción. Una opción que los está dañando a ellos y, al mismo tiempo, los está alejando del Creador. Judá está herido, pero no quiere dirigirse a los brazos de Dios. La rebelión los ha llevado a la destrucción, y aún así quieren seguir transitando el mismo sendero.

El arrepentimiento ya no es una opción para ellos.

C.S. Lewis condensó la idea del arrepentimiento con las siguientes palabras: “cuando nos estamos dirigiendo en una dirección errada, no basta solamente con reconocer nuestro error y seguir adelante; es necesario devolver, descubrir en qué punto nos desviamos, y retomar el camino desde allí”.

El arrepentimiento implica un cambio, mientras que la rebelión insiste en seguir por la dirección errada.


Y es entonces cuando se utiliza una de las comparaciones más poderosa y ofensivas de este capítulo: Dios compara a Su pueblo con Sodoma y Gomorra.

Sodoma y Gomorra son los referentes de aberrancia más evidentes del A.T.

En el libro de Génesis se narra la historia de dos pueblos inundados por el pecado. Sus acciones son absolutamente contrarias a los parámetros establecidos por el Creador. Ni siquiera son capaces de guardar el orden natural de la sexualidad. Cualquier piadoso que leyera su historia sabría que la destrucción divina es una consecuencia natural de la ejecución de la justicia divina a un pueblo pecador. Sodoma y Gomorra son el escalón más bajo en el camino de la impiedad.

Sodoma y Gomorra son el ejemplo máximo de la rebeldía humana.

Y ahora Dios dice que su pueblo es comparable a esos pueblos.

Es la comparación más fuerte, ofensiva y chocante que un profeta pueda hacer. Sobretodo para un pueblo que está guardando todos los rituales de la piedad. Están cumpliendo con el orden del culto, ¡pero su corazón está totalmente alejado de Dios! En realidad, el problema del pueblo no es la falta de adoración, ya que nunca ha faltado, sino que su adoración está siendo falsa.

Porque la adoración verdadera está respaldada con la vida.

De hecho, el carácter del pueblo de Dios se evidencia principalmente en el modo de vida, ¡no en el culto! El primer lugar de adoración no es el templo; es la cotidianidad. Y es allí donde el pueblo está fallando: está cumpliendo con el orden religioso, pero toda su vida es un altar a la injusticia. Eso hace que su adoración sea ofensiva para Dios. Porque no es congruente que eleven oraciones, mientras sus manos están llenas de sangre humana; no tiene sentido que se postren en adoración, en tanto que se están matando entre ellos mismos. El derramamiento de sangre sacrificial no es aceptable cuando hay otra sangre derrama.

La adoración se convierte en hipocresía cuando no está respaldada por la piedad diaria.

Y Dios aborrece la hipocresía.

El problema de este tipo de conducta es que, poco a poco, aleja al pueblo de Dios y, paradójicamente, le hace creer que todo está bien. Ellos cumplen con los rituales, celebran las fiestas y realizan los sacrificios. Están cumpliendo con sus labores ‘espirituales’. Pero su corazón está tan lejos de Dios que están cerca de un punto de no-retorno.

La religiosidad siempre tiende una trampa: hace pensar que todo está bien si se cumplen con las actividades religiosas. El problema es que eso puede llevar a un camino de disociación. Se puede llegar a pensar que hay cosas más espirituales que otras. Y esa fue la mentalidad que se arraigó en el corazón del pueblo. Y fue ahí donde comenzaron los problemas.

Cuando se desliga la adoración de la cotidianidad, existe el peligro inminente de caer en la hipocresía.

Cuando se etiquetan ciertas áreas como “menos espirituales”, existe el peligro inminente de seguir el camino de la rebelión.

Y lo más triste de esto es que se puede convertir en un punto ciego. Es decir, se puede llegar a pensar que todo está en orden porque nuestra conciencia se calma con ciertas dosis de religiosidad semanal. Pero la verdad es que Dios puede estar aborreciendo esas dosis de religiosidad, si no están fundamentadas en una vida de piedad constante. Porque para Él es tan despreciable aquél que ofrece un fuego extraño como el que le da la espalda al huérfano y a la viuda.

Cuando se le da la espalda al necesitado, la adoración es ofensiva. Se convierte en algo repulsivo para Dios.


La justicia social tiene que ser parte de la agenda de un verdadero adorador.

3 comentarios:

Catalina dijo...

Migue, gracias por sacar el tiempo para escribir cosas tan contundentes.

Una preguntica....Tu dices que su problema no era la falta de adoración sino la adoración falsa, pero si es falsa, entonces pues obviamente no es adoración y por ende la adoración sí falta ¿no? o por lo menos la verdadera adoración falta, lo que tenían era solo la fachada. Era pirata.

Sara dijo...

si hubiera mas gente como tú... la biblia no iria tan desligada a la razón...
se necesita definitivamente más gente como tú... una persona neutra, que no esté cegada ni por la religión ni por la ciencia.

la forma en que escribes es tan racional... tan pero tan racional.. tan verdadera... pero tan cargada de Dios....
wow
me encanta...
sigue escribiendo!
no te atrevas a parar!!

Miguel dijo...

Hola, Catalina.
Pues el tema de la adoración es un asunto complejo. Desde el punto de vista humano-y esa es la crítica de Isaías-es que sí hay adoración. Ahora bien, el problema es que, para los ojos de Dios, eso era una abominación. Estoy de acuerdo contigo en que lo que tenían era una fachada; una adoración pirata. Pero sólo podemos determinar que algo es verdadero cuando puede ser falseable, por lo tanto sí puede existir adoración falsa.