miércoles, 3 de marzo de 2010

Del Porqué Quise Matar A Una Mujer


Estoy sinceramente intranquilo. Nunca en la historia de la humanidad se había escuchado de dos terremotos de gran magnitud en dos lugares diferentes en tan poco tiempo. Primero fue Haití; ahora, Chile. Dos tragedias que enlutan naciones enteras, inspiran nuestro espíritu de solidaridad y nos hacen pensar en lo frágil que es la vida. Y como cristianos (por lo general) estas situaciones nos impulsan a tratar de descifrar las razones teológicas para que ocurran este tipo de cosas.

Tal vez lo que diga aquí no sea nada nuevo. No importa que no lo sea. Pero sí me puedo estar adelantando a todos esos que intentan darle un supuesto sentido teológico o bíblico a este tipo de catástrofes.

Cuando ocurrió el terremoto en Haití, la mayoría de sectores en el cristianismo empezó a decir: “se lo tenían bien merecido; ahí tienen las consecuencias de tanta brujería”. De hecho, escuché a una señora en mi iglesia que, al orar por Haití, ¡le dio gracias al Señor por castigarlos! Fundamentaba su oración en el hecho que la Biblia dice que la tierra tiembla cuando el Señor la mira[1]. Entonces ella dijo que Dios había mirado a ese país y debían sufrir las consecuencias.

Tengo que confesarlo: ¡quise matar a esa mujer! Estuve cerca de cometer un homicidio mientras ella cerraba sus ojos para orar.

¡¿Cómo se le ocurre decir semejante cosa?! ¿Acaso la Biblia no dice que deberíamos dolernos con el que se duele; sufrir con el que sufre? Ese es un principio universal para el seguidor de Cristo, no algo que se aplica sólo entre cristianos. Cuando Pablo lo dijo no tenía en mente sólo la villa cristiana, sino que nos invitaba a darle amor a toda persona que necesita del consuelo de Dios. Como cristianos estamos llamados a ayudar al que sufre, sea budista, católico, masón, mormón o hechicero.

“Pero, Miguel—dirán algunos—, ellos van en contra de lo que Dios ha establecido”.

Bueno, puede que sea así. Pero no se nos pueden olvidar dos cosas: (1) Nosotros, aún siendo cristianos, también vamos con mucha frecuencia en contra de lo que Dios ha establecido. No somos inmunes al pecado. (2) El que juzga es Dios, no nosotros. Si Dios castigó a esas personas, no lo sé. Eso depende de él, ¡no de mí! ¿Quién soy yo—un humano tan sumamente limitado—para saber lo que Dios tiene en mente?

De lo único que estoy sinceramente seguro es que mi llamado es más alto: no se trata de especular, sino de actuar; no se trata de adivinar razones que suenen espirituales, sino de ver en este campo de desgracia un terreno fértil para demostrar el amor de Jesús.


Tristemente, los cristianos a veces hacemos lo menos espiritual al espiritualizar lo ocurrido.


¿Qué diríamos ahora de la catástrofe que ocurrió en Chile? ¿También es un castigo de Dios para una tierra donde, precisamente, se está empezando a levantar una gran población de cristianos? ¿Dios también miró la tierra donde su pueblo está actuando?

¿Por qué ahora todos los sectores cristianos que salieron al paso para la explicación pseudoespiritual de lo ocurrido en Haití no se han pronunciado? ¿Será que no todo es tan fácil como pensábamos? ¿Qué tal que en la vida no todo se solucione con una fórmula de causa y efecto?


Dios bendiga a Haití.

Dios bendiga a Chile.

Dios bendiga a su pueblo.


Y que no dejemos que el refrescante río del consuelo se quede encerrado en nuestros templos, mientras el mundo sigue clamando por la manifestación de los hijos de Dios.



[1] Para ser muy honesto, no he buscado ese texto. De pronto debe estar por ahí. Pero de algo estoy seguro: ella lo sacó de contexto para justificar su posición.

3 comentarios:

Argenteens dijo...

Que malo eres... mereces ser castigago por decir estas cosas tan honesta!

(je je - ironia)

A veces siento igual.

gabriel dijo...

jejejeje.. pendejo. yo esperando la super exegesis.. cual vieja de la Biblia? quién la quería matar??? Adan a EVa??? josé a Maria? jeje me oriné de la risa al ver que era la hermana de la iglesia.
chpevere, casual y diferente...

fher dijo...

Me gusta como escribes.
Sería bueno que creyeras mucho más en ti mismo.