jueves, 11 de marzo de 2010

¡Ay, Mi Corazón!


Marcos 7:1-23 presenta una disputa entre los fariseos y saduceos con Jesús. Lo que le reclamaban es que sus discípulos (los de Jesús) no se lavaban las manos para comer, lo cuál hacia que sus manos fueran inmundas a la hora de ingerir alimentos. ¡Estaban yendo en contra de la tradición de los ancianos! Por eso ellos (fariseos y saduceos) no sólo se lavaban, sino que trataban de purificar todo lo que eventualmente llegara a tener contacto con los alimentos. Así no se contaminaban. ¡Eso sí era santidad en su máxima expresión!

¿Cómo respondió Jesús ante esta situación?

Los encaró, convirtiéndolos de confrontadores a confrontados.

Primero, como era típico, los llamó “hipócritas”. Después les recordó las palabras que el profeta Isaías le dio al Israel de antaño: “ustedes honran a Dios de labios, pero su corazón está lejos de él”. Junto con ello, les demostró que sus tradiciones se habían vuelto más importantes que los mandatos divinos. Y, por último, llamó a la multitud y enfrente de ellos les dijo que estaban desenfocados, que habían perdido de vista lo esencial: el problema del ser humano no está en lo externo, sino en su corazón.

¿Cómo es eso que lo que viene de afuera no es lo que contamina, sino lo que está adentro?

Cuando Jesús decía que el problema del hombre estaba en el corazón no se refería al músculo que irriga sangre a nuestro cuerpo. Se estaba refiriendo, como es propio de la concepción judía, al centro de mando del ser humano. El corazón es el núcleo del carácter de las personas. De allí surgen los pensamientos, las acciones, las conductas, los sentimientos, las emociones y cada una de las dimensiones que componen nuestra humanidad. Así pues, al hablar del corazón, Jesús está confrontando lo más íntimo y lo más valioso de sus oyentes. En otras palabras, no se contenta con que la fachada de la casa esté bien presentada, sino que quiere descubrir cada rincón del interior. Porque una casa con buena fachada tarde o temprano se va a venir abajo si el óxido y la podredumbre la carcomen desde adentro.

Las tradiciones religiosas pueden convertirse en fachadas incapaces de transformar el carácter. Sin embargo, mantener esas fachadas es lo más cómodo para todo el mundo. Nos ahorra muchas complicaciones. Nos facilita la vida.

Por un lado, el feligrés poco a poco va aprendiendo a comportarse como tal. Aprende a hacer lo que todo cristiano debe hacer. Conoce los ritos, las palabras, las conductas y las formas adecuadas. Aprende a demostrarle al mundo su espiritualidad, a veces sin importar cómo está su corazón. Por otro lado, al liderazgo (dentro de los cuáles me incluyo) nos facilita tratar con aquellos que en lo externo no cumplen con lo que todo cristiano debe hacer. Así, por ejemplo, si una persona permanece sentada mientras la música está sonando, nos manda una señal, creemos nosotros, de sus problemas de espiritualidad. Y, por otro lado, concluimos que una persona está bien con Dios si hace lo que todo cristiano debe hacer.

Según Jesús, eso es hipocresía.

Cuando nos importa más la conducta que el carácter, somos hipócritas.

Así, sucumbimos ante el mismo peligro que denunció Jesús: convertir una tradición humana en doctrina; transformar las ideas de algunos en supuestos mandatos divinos.

Debemos recordar, sin embargo, que unos labios que honren a Dios no manifiestan un corazón cercano a él. Las conductas piadosas no siempre están respaldadas por una relación real con Dios. Podemos tener comportamientos que aparenten cercanía, pero vivir más alejados de lo que estamos dispuestos a aceptar. De nada sirven comportamientos acomodados a tradiciones si no hay un carácter que los respalde. Aunque, tenemos que aceptarlo, siempre será más fácil tratar de acallar la conciencia con simples apariencias para no confrontarnos con la realidad de un Dios santo.


La hipocresía es más llevadera que la espiritualidad sincera.


En los tiempos de Jesús, la tradición juzgaba a la gente por su manera de comer los alimentos. Hoy, probablemente, eso nos suene ridículo. Somos más sofisticados. No luchamos con algo tan básico. Pero ciertamente podemos sufrir del mismo mal: poner las tradiciones como doctrinas y, junto con ello, juzgar a las personas por lo que hacen externamente. Tal vez no creamos que los alimentos ingeridos con las manos sucias contaminen el alma, pero ¿qué tal si hablamos de la música?

¿Hemos legislado en nuestra tradición que la música que debe escuchar la gente es la que producen los cristianos o, de lo contrario, se están contaminando?

¿La música no-cristiana contamina a las personas?

¿Qué podemos decir de esas canciones con mensajes obscenos, los cuáles van en contra de lo establecido por Dios? ¿Cuál es el problema con ellos?

¿Qué tal que estemos apuntando en la dirección equivocada: a las conductas más que al carácter?

¿Será que el problema no está en la música que la gente escucha, sino en lo que eso saca a la luz de lo que hay en su corazón? ¿Será que la música—cristiana o no—en lugar de ser un contaminante es una suerte de gatillo que dispara al monstruo impuro que se alberga en el centro de nuestra voluntad?

¿Será que, como dijo el profeta Arjona, “el problema no es problema”?

¿Qué tal que el problema no sea la música, sino que el problema seamos nosotros?

¿Qué tal que el problema siga siendo el corazón?


¡Ay, mi corazón!

Sigues necesitando la salvación.

¡Ay, mi corazón! Eres tan duro,

Permaneces escondido tras ese muro

¡Ay, mi corazón! Me asombra tu fragilidad,

La cuál está clamando por un poco de piedad.

¡Ay, mi corazón! Te gusta ocultarte,

Cuando al frente tienes a Quien quiere tratarte.

¡Ay, mi corazón! ¿Quién tiene la razón?

¿Por qué eres tan pronto para eludir la confrontación?

¡Ay, mi corazón! Aún me sorprendes,

Siempre es más fácil que te alejes y te alejes

¡Ay, mi corazón! Necesitar cambiar,

Pídele la fuerza al que te puede transformar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

MIGUE..... TAMBIEN EN ALGUN MOMENTO ME HICE LA MISMA PREGUNTA.... RECIBI ALGUNAS RESPUESTAS QUE DECIAN QUE DESDE QUE TU CORAZON TENGA PAZ PUEDES ESCUCHAR CUALQUIER TIPO DE MUSICA.... ESTOY DEACUERDO CON TUS PALABRAS... PUES QUE SEAMOS SABIOS Y PODAMOS HACER LAS COSAS CONFORME DIOS NOS DICE NO CONFORME LA RELIGION.... BENDICIONES

Carlos David Cano M. dijo...

Asi es.

Un huevo puede tener su cáscara muy bonita, pero si su interior esta podrido, no sirve!.

Actualmente en las iglesias cristianas hay mucha cascara bonita con yema podrida. Lo cual significa, muy linda conducta pero con un espiritu sin vida.

Por eso el mensaje fué, es y siempre será el Evangelio de Cristo, el alimento para el espíritu. Nada de "sean buenas personas", porque el mundo puede ser buena gente, y aun estar muertos en su espíritu.

Es que hoy día se predica mucho alimento para el alma, las emociones, y la conducta (ser buena persona, ser un buen trabajador, ser un buen padre, ser un joven moral, etc.), pero poco a nada de la Vida espiritual, del Evangelio de Cristo.

Saludos!.

Sara dijo...

A VECES PIENSO QUE LA GENTE ACTUA DE UNA FORMA INDEBIDA, SABIENDO QUE ESTÁ HACIENDO ALGO MALO.. PERO SE REFUGIA EN FALSOS MENSAJES (ASI SEPAN QUE ESTAN ERRADOS) PARA SENTIRSE MENOS CULPABLES... COMO DICES TU.. EL PROBLEMA NO ES LO EXTERNO.. ES LO INTERNO... PERO TAMBIÉN CREO QUE
EL PROBLEMA ES REFUGIARNOS EN LO EXTERNO PARA DEJAR A UN LADO LO INTERNO... no?

Anónimo dijo...

Parce ud es un tesooooooo! GRACIAAAAS! oyeme eres una de mis personas favoritas!!! tienes tanta razon en lo que dices! Doy gracias a Dios por la bendicion que eres.\