martes, 16 de febrero de 2010

Confiando En El Imperfecto

A Susana: Gracias por hacerme pensar


Hace poco reanudamos las actividades en el grupo de adolescentes en el cuál estoy sirviendo. Disfrutamos de una reunión bastante divertida de reencuentro. Además, hubo un par de jovencitos que fueron por primera vez, ya que ahora tienen la edad para asistir a las reuniones. Ya son adolescentes.

Al finalizar la reunión, una de estas jovencitas se acercó para hablar conmigo. Tuvimos una charla muy profunda y sincera. Tan sincera que ella reconoció que en principio yo le caía mal.

Bueno, a mí eso no me parece ninguna sorpresa. Lo que sí me intrigaba era qué la había hecho cambiar de parecer.

“El año pasado—me dijo ella—tuvimos un retiro de jóvenes y ustedes me invitaron. En una de las prédicas hablaste de algunas de tus luchas, tus defectos y tus errores. No eras como esos que se paran al frente de la gente y parecen tan perfectos que viven una fe inalcanzable”.

Y concluyó con la siguiente frase: “comencé a confiar en ti porque eres imperfecto”.


¡Bum!


“Comencé a confiar en ti porque eres imperfecto”.

Esa es una aseveración demasiado profunda. Demasiado sincera. Demasiado humana.

Esa jovencita no se acercó a mi por ser el ejemplo de santidad, integridad o por parecer la perfección encarnada. Se acercó porque me vio como un humano: limitado, imperfecto y con luchas. Nos conectamos en el punto donde nuestras miserias nos identifican.

Nunca he estado de acuerdo con ese tipo de personas que lo único que hacen en un púlpito es alardear de sus logros. Yo creo que debe haber un equilibrio: podemos contar de nuestras victorias, pero también debemos reconocer nuestras derrotas. Porque nunca dejamos de ser humanos cuando nos paramos a predicar. Por eso, en muchas ocasiones, cuando enseño delante de las personas, reconozco que hay cosas con las que lucho, que me cuestan, que no entiendo. No soy un cristiano perfecto; sencillamente soy un ser humano tratando de seguir lo que Jesús dijo.

Me cuesta. Me duele. Me inspira. Me apasiona.

Tengo victorias. Tengo derrotas.

Soy así.

Ahora, ¿has notado el alcance tan profundo que tiene el hecho de aceptar nuestra humanidad delante de las personas?

“Comencé a confiar en ti porque eres imperfecto”.

¿Será que tenemos que repensar nuestra forma de presentar el cristianismo o de presentarnos a nosotros mismos?

Cuando la honestidad se cambia por un velo falso de perfección aparente, tendremos gente que nos admire. Pero mi propósito no es que me admiren por seguir a Jesús, sino que admiren al Jesús que sigo. Por eso no tengo que presentar algo que no soy. De hecho, peco cuando muestro una imagen falseada de quién soy. La transparencia tiene que ser parte de mi cristianismo.


No creo que se deba seguir mi opinión por ser mi opinión. Solo quiero poner el tema sobre la mesa. Así que comparto con ustedes algunas preguntas que me han dado vueltas en la cabeza tras esa conversación:

¿Por qué nos atemoriza tanto mostrar nuestras derrotas? ¿Qué tanto porcentaje es culpa nuestra y qué tanto de nuestro entorno?

¿Sí se puede ser transparente?

¿En qué momento comenzó a importarnos más la imagen que la integridad?

¿Por qué confiar en alguien imperfecto?

Es más, ¿será que deberíamos confiar en una persona imperfecta?


Alguien comenzó a confiar en mi porque soy imperfecto…

2 comentarios:

gabriel dijo...

gracias.. solo puedo decir eso. gracias Dios por enseñarme a través de este imperfecto man.. ayúdame a mi en el proceso de perfección...

Carlos Cano dijo...

las preguntas del final, son interesantes...y yo, como un joven cualquiera, doy mi opinion a esas preguntas.

¿por que cuesta tanto?

por lo general las personas que adquieren cierta influencia sobre otras basados en sus conocimientos (en este caso teologicos) son tentadas a dejarse consumir por el ego, el orgullo, la gloria vana. Asi pues, cuando alguien se acerca a decirles "me parece que depronto estamos haciendo mal esto", te responden "perdon, ¿tu eres lider aqui? ok, entonces cuando lo seas hablamos". las ganas de tener poder sobre otros y de mantener ese poder, obliga a las personas a mostrarse como inmaculados y sin pecado, a no reconocer sus errores, para no perder credibilidad. Y eso no es mas que el deseo de llenar con "gloria" esos vacios emocionales dejados por las heridas de la vida.