jueves, 28 de enero de 2010

Vale La Pena Morir (Parte 5): ¿Por Qué Todavía Me Quiero Casar?

A Laura


Los últimos post que he publicado son un estudio de Efesios 5:21-33.

Ahora que hemos concluido esa parte, propongo las siguientes dimensiones de aplicación de ese texto:


A los hombres solteros:

Valoren a las mujeres.

Cuestiónense día tras día si estarían dispuestos a dar la vida por la mujer que les llama la atención. Si definen que es así, tras pensarlo sinceramente, entonces tomen las cosas con calma. Una relación verdadera no se construye de un momento a otro. Pero si, por el contrario, se dan cuenta que esa mujer es para ustedes solo una aventurilla y no están dispuestos a dar su vida por ella, entonces déjenla ir por el bien de ella y el propio. Ya llegará el momento y lo sabrán.

Probablemente se encontrarán con mujeres que estén dispuestas a negociar con ustedes. La tentación será aprovechar semejante oportunidad. Pero el llamado de ustedes es más elevado. Sean agentes de gracia.

Jugar con una mujer siempre es de cobardes.

Sean hombres de verdad.

Traten de recordarles a esas mujeres el valor inigualable que tienen.


A los hombres casados:

Si han dejado, en algún momento, de mostrarle amor a sus esposas, por favor, traten de recordar porqué se enamoraron de ella. No es válido escudarse en el “yo soy así”. La realidad es que todos nosotros hemos mostrado una faceta tierna de nosotros, especialmente durante la etapa de enamoramiento. Que la rutina sea más fácil de llevar a cabo no significa que no debemos esforzarnos por enamorarnos diariamente.

Esa mujer que se levanta al lado de ustedes cada mañana es un tesoro por el que vale la pena morir.

El anillo que lleva en su mano es el símbolo de la unión única que esa belleza estableció contigo. Nadie más en todo el mundo va a tener el privilegio besar esos labios, tomar esas manos, disfrutar de esos abrazos, sino sólo tu. No existe otra persona que escuche un “te amo” como el que puedes escuchar de ella.

Hombre, tu llamado es increíble: vas a seguir las pisadas de Jesús. No temas caer en los brazos de Aquel que decidió someterse voluntariamente y sin tener que hacerlo. Total, tú no eres el responsable que todo salga bien en tu casa. Quítate esa carga tonta que nos impuso nuestra cultura machista. El responsable de tu casa es Dios. Así que no tienes que preocuparte por quién está a cargo. Si disfrutas la increíble relación que tienes con tu esposa, no te tendrás que preocupar de ello. Todo va a fluir naturalmente.


A los que están de novios:

No sé si tienen novios cristianos o no. Se van a enterar que algo tan básico como la fe tarde o temprano se convierte en una cuestión demasiado importante. Si deseas compartir paulatinamente lo que eres con esa persona, en algún momento van a llegar la cuestión de quién es Dios para cada uno. Aún estando ambos en la misma iglesia, puede que tengan una diferencia grande de criterios respecto a este.

Y ahí es donde debes decidir qué será lo más importante.

Si hace tiempo eres novio y ya has tenido relaciones sexuales con tu pareja, te invito a que lo piensen detenidamente. Según la Biblia, si estás dispuesto a ser una sola carne con esa persona—lo cuál se expresa en todo su esplendor en el acto sexual—, entonces es porque tienes la valentía para comprometerte en el matrimonio. El único lugar completamente seguro para tener intimidad completa es el matrimonio. En cualquier otro espacio hay inseguridad. Se refleja algo de desconfianza. Se levantan preguntas innecesarias.

¿Es esta la persona a la que le quiero revelar lo más íntimo de lo que soy?

¿Será que esta persona si estará conmigo siempre?

¿Sólo me querrá por mi parte física? ¿Sencillamente soy una más o uno más en su lista de conquistas?

¿Qué pasará después con nosotros? ¿Qué pasa si conoce a otras personas?

¿Hay algo que me asegure que no les dirá lo mismo a otras personas?

La unión sexual es algo profundo, misterioso, único y exclusivo. Por eso sólo donde hay un compromiso completo—es decir, en el matrimonio—es donde pueden entregarte totalmente a otra persona. Porque cuando entregas algo nunca más lo vuelves a tener. Lo que le das a ese alguien nadie más lo va a tener nunca.

Así que si realmente se aman el uno al otro, vale la pena esperar. Allí se demuestra el verdadero amor.

Si, por otro lado, estás ennoviado y no has tenido relaciones con esa persona, sigue adelante. Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero vale la pena. Vale la pena luchar hasta la muerte por esa persona. Vale la pena esperar por ese momento donde entregarás lo más íntimo de tu ser a esa persona que ha decidido permanecer contigo—y sólo contigo—el resto de su vida.

Novios, no permitan que su noviazgo se convierta en una relación de opinión pública y, al mismo tiempo, no se permitan vivir algo tan especial solos. Sean sabios en seguir conservando relaciones significativas aparte de su novio o novia y, al mismo tiempo, hagan de su relación de noviazgo lo más significativo. Hay cosas que se van a quedar entre ustedes y, al mismo tiempo, deben darles la libertad a otros—quienes ustedes elijan—para que les pregunten cómo van.

Es necesario aprender a vivir una relación en esta sana tensión.



A las mujeres que, por la razón que sea, son solteras:

Vale la pena morir por ustedes.

El feminismo ha dicho que la mujer debe ser igual al hombre. ¡Qué gran error! Ustedes son únicas en el universo. No tienen que ser como nosotros. No tienen que demostrarle a nadie su valor. Tienen en la configuración de su ser la capacidad de darle al mundo lo que para los hombres es imposible. Dios las creó para que fueran mujeres, no hombres.

Eso es maravilloso.

Mujer, cada vez que se pronuncia tu nombre, nuestro buen Dios sonríe. Porque eres su tesoro maravilloso. Aún si ha habido personas que han pisoteado tu alma. Una flor nunca de ser una flor, aún si no la han cuidado como es debido. Tal vez necesitas volver a tu fuente de valor. Probablemente sea este el mejor momento para escuchar la dulce voz del Creador que te susurra día tras día que eres lo más invaluable que ha existido. El rostro que aparece en tu espejo cada mañana es la razón por la que él dio su vida.

Cuando llegue una persona que te ame de esa manera, entonces ábrele tu corazón.

Vales cada gota de amor que alguien sea capaz de derramar por ti.

Espera.

Pero espera siempre en lo brazos de nuestro buen Dios.


A las mujeres casadas:

Vale la pena morir por ti.

No sé cómo esté tu matrimonio. No sé si está bien o mal. No sé si tu esposo te trata bien o te trata mal. No lo sé y, por lo tanto, no te puedo dar una respuesta para cada uno de tus interrogantes.

Pero sé una sola cosa: sé que tienes un valor único. Vales tanto como para invertir toda la existencia en hacerte feliz. Vales cada sonrisa, cada paso y cada gota de sangre de Jesús. Nada en el mundo va a cambiar esa condición; ni los minutos, ni los segundos, ni los meses, ni las horas, ni los años van ha hacer que pierdas ni siquiera un gramo de tu valor.

Recuerda tus votos matrimoniales y ten en cuenta que el hombre que tienes al lado tuyo merece que lo respetes. Cada cosa que el hizo, hace o hará por ti es para ganarse una sonrisa de aprobación tuya. Tienes en tus manos un poder increíble: puedes inspirar a tu esposo a ser una mejor persona o puedes destruir su autoestima. Cuando lo respetas, lo inspiras; cuando no lo valoras, lo destruyes. Tu respeto siempre va a ser un motor para ser un hombre digno de tu valor.



A mí mismo:

¿Por qué todavía me quiero casar?

No tengo todo el dinero que quisiera. Tampoco tengo, para muchos, la edad adecuada para casarme. Todavía me falta mucho por aprender y madurar. Incluso, para ser muy honesto, hay momentos donde me entra un gusanito de duda. Pero ¿quién no ha tenido dudas? ¿Quién puede decir honestamente que siempre ha estado absolutamente seguro?

No pienso que las dudas sean malas en sí mismas, sencillamente me demuestran mi humanidad.

Porque no sé qué va a pasar. No sé que viene de aquí en adelante. No sé cómo estaremos de aquí a unos años o meses; ¡ni siquiera sé cómo vamos a estar mañana!

Pero sé una cosa. Y aunque sea esa la única cosa que sepa, voy a aferrarme a ella con todas mis fuerzas y partiré de ahí. Sé que amo a mi preciosa con todo lo que soy. Sé que quiero invertir el resto de mi vida por hacerla feliz. Sé que quiero dar mi vida por amor a ella.

¿Por qué todavía me quiero casar?

Porque quiero degustar algo del plan original del Creador. Deseo con todo mi corazón vivir en el Reino de Dios. Anhelo que mi matrimonio refleje que el matrimonio no siempre es un infierno, sino que es una pequeña fotografía del cielo.

No quiero ser de los que piensan solamente que el matrimonio es la decisión más importante de su vida. Quiero ser de los que quiere decir que esa es la mejor decisión de su vida.

¿Por qué todavía me quiero casar?

Probablemente—y espero que no—en algún momento de mi relación matrimonial piense que todo esto es una ilusión, un ideal. Mi problema es que este es el ideal bíblico: que la esposa respete a su esposo, que el esposo ame a su esposa y que los dos se sometan el uno al otro. Si fracaso en cumplirlo, la culpa la tuve yo, no la Biblia.

¿Por qué todavía me quiero casar?

Porque sigo pensando que, por encima de la economía, la edad o la estabilidad, lo más importante fue, es y seguirá siendo el amor.

Vale la pena morir por esa verdad.


FIN (POR FIN)

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