viernes, 1 de enero de 2010

Un Mesías Que Se Baje De La Cruz (Parte I)

Esta semana estuve almorzando con un joven muy cercano a mi corazón. Él me estaba contando que recientemente volvió a ver la película ‘La Pasión de Cristo’. Me dijo que esta vez casi llora con ciertos apartes del filme. El que más le causó conmoción fue cuando, al pie de la cruz, algunas personas le gritaban a Jesús: “Si eres el Cristo, bájate de esa cruz”.

El odio en los rostros. La soberbia de las voces. El sufrimiento de Jesús. La indiferencia de los religiosos. Todo construía un escenario dramático, tenso y, de alguna manera, apropiado para que Jesús se bajara de la cruz y hubiera demostrado quién era él.

Pero no lo hizo.

Y eso me dejó pensando. ¿Por qué Jesús no se bajó de la cruz?

El mundo judío del primer siglo, en el cuál vivió Jesús, era complejo. Los israelitas habían pasado por un exilio, varias guerras y un sinnúmero de luchas. Sin embargo, parecía como si esas disputas no hubieran servido de nada: ¡los judíos estaban subyugados al imperio romano! Estaban exiliados dentro de su propia tierra. Las esperanzadoras promesas de la manifestación del día del Señor, dadas por los profetas de antaño, sonaban a una vana ilusión. A esas alturas, había diferentes grupos[1] dentro de la comunidad que trataban de responder, a su manera, una misma pregunta: ¿por qué estamos bajo el mandato de Roma? Las respuestas, obviamente, eran múltiples. Por ejemplo, los fariseos creían que todo era una consecuencia de la desobediencia del pueblo a las leyes establecidas por Dios.

(Una aclaración antes de seguir. El hecho que hubiera diferentes grupos e ideologías entre los judíos, no significa necesariamente que cada idea era absolutamente diferente en cada uno de sus puntos. Había puntos de encuentro y puntos de discrepancia. No se puede—y no pretendo—simplificar algo tan complejo como el contexto y la cosmovisión judía en el siglo primero. Es imposible describir detalladamente aquí cada uno de los aspectos históricos que componían el mundo en el que Jesús apareció. ¡Ello implicaría escribir un libro sólo sobre ese tema![2])

En todo caso, había un asunto en el que coincidían la mayoría de las agendas: el Cristo[3], el Ungido de Dios, iba a liberar al pueblo del yugo opresor, tal como lo hizo el rey David en sus mejores días. La llegada del Mesías significaba la manifestación del día del Señor. Era la esperanza de volver a Dios actuando en la historia con una liberación tan magnífica como el éxodo. Este nuevo rey pondría al imperio de turno en su lugar y vindicaría al pueblo de Dios.

Que el Mesías muriera en la cruz ni siquiera atravesaba por la mente más pesimista. La cruz era el peor castigo para los criminales, no el destino del Mesías. Los parías sociales eran los que iban a cerrar su existencia en un madero. La cruz, por lo tanto, no era algo bonito; era más bien el precio que debían pagar aquellos que se atrevían a rebelarse contra el orden establecido. La cruz era una señal de advertencia para los revolucionarios y un símbolo de la superioridad romana.

Sin embargo, una muerte tan terrible como la crucifixión, que para las agendas de otros grupos parecía un hipotético efecto por sus actos, para la agenda de Jesús era una meta. La cruz era un punto de llegada, no una simple consecuencia. El madero era un punto focal, no sólo la parte sucia de la historia.

Lo que me lleva de nuevo a Jesús en la cruz del Calvario.

Este carpintero Galileo había asegurado ser el Mesías. Para los oídos judíos eso implicaba que el día del Señor se había manifestado. De hecho, él mismo lo dejó muy en claro al declarar que el Reino de Dios se había acercado. Es decir, era una realidad presente, constante, cierta. El prolongado tiempo de espera había llegado a su fin. El pueblo entendía esto como una inversión de la situación que estaba atravesando. En otras palabras, ¡a Roma le había llegado su hora! Israel volvería a probar las mieles de la libertad, gracias a la guía del Mesías.

No obstante, Jesús les hizo caer en cuenta que estaban apuntando en la dirección equivocada.

La llegada del Mesías no era sólo un juicio para Roma, ¡también lo era para ellos! Pues, según él lo demostró, el proyecto de Israel como pueblo de Dios había fracasado. El llamado hijo de Dios en el Antiguo Testamento (es decir, Israel) no había cumplido con su tarea redentora. Porque más allá de la emancipación del imperio de turno, había una liberación mucho más profunda que todo ser humano—israelita o no—necesitaba: la liberación del pecado; la posibilidad de tener la puerta abierta para relacionarse con el Creador. Una obra que restaurara lo que se echó a perder en el Edén con la rebelión de nuestros primeros antepasados. El punto final del capítulo más terrible de nuestra historia.

Paradójicamente, para que la humanidad fuera liberada del yugo de la muerte, debía haber otra muerte: la del Mesías. Por lo tanto, para Jesús la cruz no era sólo una consecuencia; era su propósito. Ese era el trabajo que debía cumplir: dar su vida en rescate por muchos; aceptar sobre sí mismo las consecuencias de la rebelión de sus semejantes.


El Mesías muerto: el precio por la liberación del pecado.

Sin embargo, al pie de la cruz, algunos seguían gritándole que se bajará de allí.


Esas voces se siguen escuchando entre nosotros, aún sin percatarnos de ello.


Porque, al pie de la cruz, todos podemos pedirle a Jesús que se baje de ella.


Continuará…



[1] Del que más tenemos conocimiento, por lo que se narra en el Nuevo Testamento, es del fariseísmo. Pero ese era solamente uno de los muchos grupos que había dentro del complejo judaísmo de los tiempos de Jesús.

[2] Gracias a Dios, algunos ya han emprendido esa tarea. Entre ellos, recomiendo especialmente la lectura del impresionante libro de Tom Wright: WRIGHT, N.T. Jesus and The Victory of God. Minneapolis: Fortress Press. 1996.

[3] Este es el término griego equivalente de la palabra hebrea ‘mesías’. Por esa razón, son intercambiables.

1 comentario:

Sara dijo...

ese final me dejo pensando migue....... me dejio muy confundida..... lo que quieres decir es que aun sabiendo que jesus ya no esta en la cruz... le seguimos diciendo que baje de ella????