domingo, 31 de enero de 2010

¡No Voy A Predicar Más!


Después de pensar un poco sobre la predicación en la Iglesia en Latinoamérica, tomé la siguiente decisión:

NO VOY A PREDICAR MÁS…


No voy a predicar más a ese Jesús que le importan más mis comportamientos que mi carácter.

No voy a predicar más a ese Jesús que se puede domesticar en tres puntos de un sermón, en lugar de aquél enigmático, controversial y complejo personaje que caminó entre nosotros.

No voy a predicar más a ese Jesús que está interesado en mi apariencia más que en mi santidad.

No voy a predicar más a ese Jesús que le importa mi imagen por encima de mi integridad.

No voy a predicar más a ese Jesús que está más preocupado por las instituciones que por las personas.

No voy a predicar más a ese Jesús que ama más nuestro dinero que nuestro corazón.

No voy a predicar más a ese Jesús que espera que estemos bien para acercarnos, en vez del que se acerca cuando estamos maltrechos.

No voy a predicar más a ese Jesús que dice “todo esto te daré si postrado me adorares”, en lugar de ese que invitó a tomar la cruz y seguirle.

No voy a predicar más a ese Jesús que le interesa más guardar el día de reposo que sanar al que lo necesita.

No voy a predicar más a ese Jesús que trata a la Iglesia como su esclava y no como su novia.

No voy a predicar más a ese Jesús que nos obliga a seguirlo, en vez del que nos invita a amarlo.

No voy a predicar más a ese Jesús que está encerrado en un templo, en vez del que prefiere ser predicado en las calles.

No voy a predicar más a ese Jesús que uno escoge, en lugar del que lo escoge a uno[1].

No voy a predicar más a ese Jesús cuyo mensaje es una sarta de prohibiciones, en lugar del que vino a traer libertad.

No voy a predicar más a ese Jesús que parece que sólo actuará durante el fin de semana, al contrario de Aquél que es real cada instante de la cotidianidad.

No voy a predicar más a ese Jesús que piensa en función de denominaciones, en vez del que vino a dar la vida por Su Iglesia.

No voy a predicar más a ese Jesús que se impone a la fuerza, en lugar del que inspira con amor.

No voy a predicar más a ese Jesús místico que sólo le interesan nuestras oraciones, al contrario de ese que le importan también nuestras acciones.

No voy a predicar más a ese Jesús que respalda el espíritu religioso, en lugar de Aquél que quiere transformar nuestro entorno.


¡No voy a predicar más a ese Jesús!


Porque ese fue el Jesús que nos inventamos, no el Jesús que nos inventó.



[1] Entiendo el eterno debate entre predestinación y libre albedrío. Sencillamente me refiero aquí al hecho que en ocasiones es muy fácil hacer a Jesús a nuestra imagen y semejanza en lugar de seguir al que nos muestra la Biblia.

4 comentarios:

Sara dijo...

Simplemente me encanta...... que triste es ver a la gente creyendo en un Dios que ellos mismos inventaron..
si tu dejas de predicar.. entonces yo dejare de creer...

Anónimo dijo...

!Buen trabaj! Reflexiones puntuales de este tipo hacen muy buenos aportes al ejercicio pastoral...

sí, quisiera preguntarle al escritor, con base en su nota al pie del margen (que estoy de acuerdo y es clara para mi), si habría alguna relación entre los siguientes dos conceptos: "Gracia" y "Libertad"...

Si no es el espacio para esto, de todas maneras gracias y te animo a que sigas edificándonos de esa forma....

bbt.

Miguel dijo...

Hola, gracias por tu nota y tu pregunta. Espero que la respuesta te ayuda.
La relación entre "Gracia" y "Libertad" es que somos libres por la gracia. Es decir, nuestra relación con Dios no está basada en nuestra capacidad de cumplimiento de las normas, sino en que Jesús pagó el precio por amor a nosotros. Esa gracia nos libera del legalismo y del pecado, para así invitarnos a amar.

lauraton16 dijo...

Que bueno que existan personas como tú. Personas que siguen luchando por presentar al Dios de la Biblia y no al Dios de nosotros.