jueves, 3 de diciembre de 2009

NECESITAMOS DE LOS NECESITADOS

Dedicado a mi amigo Gabriel Ramírez, quien me hizo entender que

el evangelio debe afectar mi visión y acción frente a la pobreza


El comunismo es bueno…en teoría.

En países “comunistas” la desigualdad es abismal: políticos comen caviar en palacios, mientras la gente come la ración de pan asignada por la imposición del sistema. El comunismo cae en lo que critica: genera una gigantesca brecha económica y social.

¿Ser capitalista o comunista?

Mejor sigo siendo un discípulo de Jesús.

Así las cosas, evaluar el entorno social y político es mi deber como seguidor del evangelio. La cruz no es políticamente neutra[1]: nos recuerda la igualdad de los seres humanos; es un mensaje político que subvierte las propuestas actuales.

Si la agenda de Jesús se basa en una cosmovisión judía, se fundamenta en el Antiguo Testamento. Por eso, vamos a considerar el capítulo 5 de Nehemías, que toca un problema político-social de la humanidad: la pobreza.

El capítulo comienza mostrándonos el clamor del pueblo.

El término ‘clamor’ (tsa’aq) encierra la idea de un grito desesperado en la aflicción. Cuando el pueblo está siendo oprimido, entonces tsa’aq. Cuando Israel estaba en Egipto siendo esclavo, clamó a Dios y él les respondió liberándolos. Los subyugados fueron rescatados, porque el Señor escucha el tsa’aq de los afligidos.

Pero la realidad en Nehemías es otra.

Israel volvió del exilio. Trata, paso a paso, de rehacer su vida. Está reconstruyendo las murallas de Jerusalén bajo las órdenes de Nehemías. Sin embargo, la historia no se tarda en presentar algunos enemigos que quieren acabar con la obra y esperanzas israelitas[2]. Este capítulo habla de un impedimento para seguir el proceso de reconstrucción:

Los pobres de Israel están siendo afligidos por los mandatarios. Venden sus bienes para pagar los impuestos, y—como si fuera poco—algunos entregan sus hijos como esclavos.

Entonces, el pueblo tsa’aq.

Lo que nos recuerda el libro de Éxodo[3].

¿El problema? Israel ahora toma el papel de Egipto. Oprime y es oprimido. El pueblo se está oprimiendo a sí mismo. ¡Israel se convirtió en el Egipto de Israel!

Tal vez no hacen trabajos forzados para cumplir los caprichos del faraón, pero venden sus posesiones para pagar los tributos impuestos por sus compatriotas. Y eso es una amenaza para un pueblo que quiere resurgir. La opresión a los necesitados derrumba al pueblo con más ímpetu que un atentado de los vecinos. ¡Israel se está desmoronando desde adentro!

El sometimiento no se hace con látigos, sino con dinero. Es políticamente más correcto, no menos dañino.

¿Qué hacer ante esa situación?

tsa’aq.

Elevar un clamor.

Los pobres presentan su clamor ante Nehemías. A él le disgusta la opresión. Y esto lo lleva a actuar: decide impartir justicia en medio de un pueblo que anhela seguir viviendo. Encara la injusticia: le reclama a los nobles que dejen la usura y liberen al pueblo del yugo opresor.

Nehemías denuncia la opresión como falta de temor a Dios (v. 9). Porque Dios se identifica con el tsa’aq del necesitado, con el dolor del afligido. Por eso, el subvalorarlos es irrespetar a Dios. Temer a Dios se manifiesta en el trato hacia el necesitado. Por eso, Nehemías habla con los nobles y los exhorta a reconsiderar su posición. Además, los invita a devolver lo recibido como dividendo de la usura.

Ahora los nobles cambiaron de dirección: juran devolver el dinero mal habido. Deciden dejar su comodidad para bendecir a los necesitados. Sus promesas no se quedaron sólo en palabras, sino que los llevaron a la acción: devolvieron el dinero y no siguieron afligiendo al pueblo.

Entonces, sólo entonces, el ímpetu de las tormentas externas pudo ser resistido porque el pueblo se fortaleció al preocuparse por los suyos.


Hermoso.


Pero, ¿cómo se relaciona ésta historia con un seguidor de Jesús hoy?

¿Podemos los cristianos protestar por la opresión que percibimos en el entorno?

Romanos 13 nos llama a obedecer las autoridades y orar por ellas, ya que son puestas por Dios. ¿Los cristianos debemos guardar silencio por temor y respeto a la autoridad? Si la autoridad es divinamente respaldada, ¿qué hacer cuando se equivoca[4]?

Miro la vida de Jesús y Pablo. Ellos respetaron la autoridad, pero no por eso sus posiciones fueron “políticamente correctas”. Por algo los mataron, ¿no? Es más, al ellos saber lo que implica delante de Dios el ejercer bien la autoridad, protestan cuando ésta hace las cosas incorrectamente; hacen oír su voz cuando los mandatarios están en el camino equivocado.

Eso es respetar las autoridades: hacerlos volver al camino de Dios cuando se han desviado.

Jesús y Pablo no fueron ningunos acomodados. Preferían dejar su comodidad para hacer pensar a la gente de la forma que Dios desea. Sabían que era mejor obedecer a Dios antes que a los hombres.

Y eso tiene mucho para nosotros.

Últimamente, hemos visto cómo el terrorismo se ha convertido en parte de nuestra realidad. El mundo está, al menos nominalmente, en contra de la violencia. Sin embargo, la propuesta para acabar la guerra es con más guerra; violencia con más violencia. Lo cual, paulatinamente, nos lleva hacia el incremento de la pobreza y la opresión[5].

Sacrificar mi posición, bienes u honorarios por ayudar a otro suena utópico. El Sermón del Monte parece sencillamente imaginario. Nehemías se escucha como una simple ilusión.


Queremos justicia sin sacrificio. Es más fácil, no más efectivo.


Tal vez la mejor protesta no sea salir a las calles con pancartas y arengas subversivas. Probablemente podemos empezar por nosotros mismos. ¿Qué tal si, desde nuestra posición, ayudamos a que los pobres dejen de sufrir las arremetidas de un sistema caníbal que acaba con todo a su paso? ¿Qué tal si le damos un pan al que lo necesita? ¿Qué tal si disponemos algo del sueldo para pensar en otros un momento y no sólo en nosotros?

La iglesia debe ser un respiro para los marginados, no un títere del sistema. La opresión nunca debería conjugar con nosotros. Los necesitados nos necesitan, y nosotros necesitamos volvernos a los necesitados.

Porque los necesitados nos recuerdan que Dios nos ama con todas nuestras miserias.


En últimas, necesitamos de los necesitados.





[1]¡No existe tal cosa! Declarar la abstención, por ejemplo, es en sí una decisión política.

[2]Esa historia la comenzamos en el capítulo 4 y queda en suspenso hasta el capítulo 6. Allí se nos habla de enemigos externos que quieren acabar con la reconstrucción de Jerusalén. En la mitad está el capítulo 5, el cuál habla de un problema interno. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Cómo se relacionan las partes?

[3] Para entender la conexión del clamor, véase especialmente los capítulos 2 y 3 del libro de Éxodo.

[4] Evidentemente, una cosa no quita la otra: que sean puestas por el Señor no quiere decir que son perfectas, ya que las posiciones de autoridad siguen siendo ocupadas por seres humanos.

[5] No es coincidencia que los países más pobres sean los que más han sufrido (o están sufriendo) en carne propia los horrores de la guerra.

2 comentarios:

gabriel dijo...

es increible, al ver las miserias propias de mi vida y saber que Dios me ama, me sorprendo.

gracias migue por recordarme algo tan vital en estos momentos de mi vida.

espero que la agenda de Jesus sea seguida por nuestras vidas para que Dios mire lo que hizo y ves que es bueno en gran manera.

Sara dijo...

Wow migue.....la verdad este es el escrito que mas me ha gustado... tengo tantas cosas en mi cabeza acerca de este escrito que es difícil escribir lo que pienso... la verdad es que mucho hablamos pero poco aplicamos...estamos acostumbrados a criticar por la pobreza.. por la injusticia y nada hacemos...
gracias por hacerme caer en cuenta que es mas lo que se dice que lo que se hace....