viernes, 20 de noviembre de 2009

La Belleza De Las Fallas Eléctricas

“…y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; quien por el gozo que tenía por delante sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.”


Hebreos 12:1-2


Los colombianos tenemos una costumbre durante las fiestas de fin de año: salir a ver “los alumbrados” o “las luces”. Es, sencillamente, la iluminación que se pone en la ciudad o pueblo para conmemorar esas fechas. En los últimos años se ha proliferado la tradición de vestir las calles de los pueblos y ciudades con el color de miles de bombillos eléctricos. Sin importar su tamaño o color, las bombillas se unen para formar una armonía de alegría y mucha luz.

Pues bien, en uno de esos paseos a ver “los alumbrados” me percaté de algo grande y hermoso: ¡vi un árbol de navidad de al menos 12 metros de altura! Pero eso no era todo. Estaba rodeado de pequeñas bombillitas que lo envolvían con luces todos los colores y, para completar el espectáculo, justo en la punta había una enorme bombilla eléctrica en forma de estrella que cerraba de forma perfecta un recorrido francamente espectacular.

Cuando estaba admirando esa estrella, que casi tocaba el cielo, ocurrió algo que me asombró aún más: ¡La luz eléctrica dejó de funcionar en ese momento! Todas las bombillas, grandes o pequeñas (incluyendo la estrella), se apagaron. Todo el espectáculo se había terminado. Hace un instante estaba contemplando una bombilla gigante en forma de estrella y ahora estoy contemplando el infinito.

Sin embargo, ese fue el momento más bello de la noche.

Durante un momento lo único que vi fue el firmamento. Era una noche oscura y sin una nube en el cielo. Y eso fue lo que me hizo ver lo más fascinante: millones de estrellas inundaban el espacio; la oscura noche estaba adornada por un número incontable de astros blancos. Antes estaba viendo una bombilla eléctrica en forma de estrella, ¡ahora contemplaba millones de estrellas verdaderas! Iluminaban el firmamento aunque la luz eléctrica hubiera fallado.

Me había perdido ese espectáculo porque las luces eléctricas me impedían ver el cielo. Lo que estaba cerca no me dejaba ver más allá. Me deslumbré con lo que estaba cerca; ignoré la belleza de lo que estaba lejos.


Estoy seguro que eso nos ha pasado a todos alguna vez.

Nos concentramos tanto en lo que vemos, sea bueno o malo, que no podemos ver más lejos. Nos enfocamos tanto en las situaciones que están ante nosotros, y eso nos limita la visión completa. La perspectiva se reduce cuando nos deslumbramos con lo que está ante nosotros. Una graduación, la ruptura de un noviazgo, la compra de un carro, el nacimiento de un bebé, un viaje; todas son cosas que nos deslumbran. Una son buenas, otras son malas; pero todas tienen algo en común: nos deslumbran. Nos hacen creer, aunque sea por un momento, que eso es todo lo que existe.

Sin embargo, el autor de Hebreos nos invitó a mirar más lejos. Nos dijo que debíamos poner nuestros ojos más allá; nos llamó a ver a alguien más que nosotros mismos: nos dijo que viéramos a Jesús.


Espero que la próxima vez que haya algo que me deslumbre, yo tenga la sensatez de mirar más allá: anhelo mirarlo a él.

No me quiero volver a perder el espectáculo de una noche inundada de estrellas por estar pendientes de simples bombillas eléctricas.

No hay comentarios: