sábado, 31 de octubre de 2009

Piedras, Jabalinas Y Un Poco De Metal (Primera Parte)

Todos conocemos la historia de David y Goliat. Aún si no te consideras cristiano, seguramente sabes lo que ocurrió: un jovencito israelita derrotó a un gigantesco guerrero filisteo con una honda, una piedra, una buena puntería y una cucharada de ayuda divina. Esa historia, de hecho, se ha convertido en una metáfora cuando observamos una lucha desigual. Por ejemplo, cuando los campeones olímpicos de baloncesto se enfrentan contra un grupo de novatos universitarios que representan a su país, dado que no hay más candidatos para escoger, estamos ante una lucha entre David y Goliat.

Tenemos que aceptar que casi siempre sabemos cómo se va a aplicar este texto bíblico. Por lo general, cuando se lee el capítulo 17 del primer libro de Samuel, quien esté dando el mensaje va a tener un título o una conclusión que va a sonar como esto:

“Dios nos invita a que enfrentemos a nuestros gigantes (léase: problemas, debilidades, dificultades, luchas, entre otros). ¿Cuál es tu ‘Goliat’?”

Eso suena muy motivador. Sin embargo, pasamos por alto un asunto muy importante: ¡la historia de David y Goliat fue real, no una metáfora! David se enfrento, de hecho, en un combate a muerte. Goliat era un gigante real que estaba dispuesto a fulminar a quien se atreviera a enfrentarlo.

Perdemos un punto esencial de la Escritura cuando convertimos lo real en metafórico y lo metafórico lo volvemos real. Lo más triste, es que cometemos ese error fácilmente. Y de allí, pienso yo, se desprenden distorsiones del evangelio y de la enseñanza bíblica, llámense como se llamen.

Una mala lectura bíblica produce una mala interpretación bíblica. Una mala interpretación bíblica produce una mala aplicación de la verdad bíblica. Una mala aplicación de la verdad bíblica produce cristianos sin fundamentos bíblicos serios. Un cristiano sin fundamentos bíblicos serios va a leer la Biblia como mejor le parece. Y un cristiano que lee la Biblia como mejor le parece, va a hacer una mala lectura bíblica. Lo cuál lleva a una mala interpretación bíblica…

El ciclo no tiene fin.

Hasta que decidamos volver a mirar a David y a Goliat como lo que es: una historia, no una metáfora. Así nos daremos cuenta que la historia bíblica no se limita a inspirarnos en una suerte de ejercicio de superación personal. Tal vez hay más.

La historia nos cuenta que los filisteos reunieron sus ejércitos para enfrentar a los israelitas. Cada ejército acampaba en una montaña, de tal forma que un valle los separaba. Sin embargo, cada mañana un guerrero llamado Goliat, salía a amenazar y a retar a los israelitas. Les proponía que enviaran a algún guerrero de sus tropas que representara el pueblo en un combate de uno contra uno. Esa lucha terminaría con la guerra de una forma sencilla y contundente: el representante que gane puede tomar al pueblo perdedor como esclavo. Así, si Goliat ganaba, los israelitas serían esclavos de los filisteos; si el retador vencía al guerrero filisteo, entonces los enemigos de Israel pasarían a ser esclavos.

La oferta suena interesante, teniendo en cuenta que sería una lucha de dos guerreros entrenados. ¿No es así?

Bueno…no es tan simple.

Según los registros históricos, los filisteos habían descubierto y trabajado el metal mucho antes que los israelitas[1]. En pocas palabras, mientras los israelitas estaban peleando con palos, jabalinas y escudos de madera, los filisteos tenían una dotación militar de espadas, flechas con puntas de metal y armaduras metálicas. De hecho, se ha llegado a considerar que, a estas alturas de la historia, el único en Israel que tenía armadura era el rey[2]. Esto último es obvio si pensamos que la tecnología militar ha sido y siempre será costosa. Tener una armadura de metal es a un israelita, lo que es a un ciudadano común de un país subdesarrollado tener un misil termonuclear en el jardín de su casa.

Súmale a esa desventaja el hecho que Goliat era un tipo que ‘tenía una estatura de casi tres metros’[3]. Y, como para oscurecer más el panorama, ¡tenía una armadura que le protegía hasta el apellido!

Luchar con Goliat, más que un acto valiente, parecía revelar una clara tendencia suicida.

Los israelitas morían de miedo en el campamento.

Un día, como todos los días, Goliat salió a amenazar y a retar al ejército de Saúl. Sin embargo, ese día en el horizonte apareció un muchacho trigueño, buen mozo, que olía oveja y traía un poco de suministros para el jefe del batallón. Llegó al campamento para ver y oír algo que le disgustó: a su pueblo atemorizado por las declaraciones blasfemas de un gigantón filisteo.

Este muchacho instigó a su pueblo a luchar esa batalla. Sin embargo, escuchó la recriminación del temor. Escuchó a un pueblo que sabía muy bien cómo era la guerra.

Y, según David, ese era el problema:

Habían aprendido cómo funcionaba la guerra, pero habían olvidado cómo actuaba Dios.

David, entonces, le recordó al pueblo su propia historia. Les dijo que él también había luchado y batallado; no contra gigantes cubiertos de metal, pero sí contra osos y leones hambrientos. Cada batalla la ha ganado por la destreza que le ha sido dada. Por eso, le propone al rey que lo deje representar al pueblo en la lucha contra Goliat.

Saúl, entonces, se enfrenta a una decisión difícil: ¿enviar a un muchacho cuya única experiencia es defender ovejas a que luche contra un sanguinario guerrero filisteo?

Si David perdía, todos serían esclavos.

Entonces, Saúl se arriesga y envía a este muchacho a enfrentar al gigante.

Y todos sabemos cómo termina la historia.

¿Será que podemos aprender algo de ella sin volverla, una vez más, una metáfora?

Continuará…



[1] Para un comentario más detallado sobre éste y otros asuntos respecto al pueblo filisteo para esa época, véase. HINDSON, Edward. The Philistines and The Old Testament. Grand Rapids: Baker Book House. 1971. p. 109-116

[2] Ibíd.

[3] 1 Samuel 17:4.

4 comentarios:

mirguau dijo...

me encanta... no veo la hora de que siga la segunda parte

godfordummies dijo...

Aplausos!!!
Hoy justamente hablaba de que cuando Jesus le dijo al joven rico "vende todas tus cosas y seguime" no era una parábola era una oferta real. ¿Qué deberíamos aprender de esto? Para pensar no?

birisina7 dijo...

me encantó tu blog, lo pasé a ver después que vi tu comentario en el blog de Lucas, lo tendré dentro de mis favoritos. Dios te bendice

Diana dijo...

Esta muy interesante, definitivamente debemos profundizar mas en lo que nos enseñan cada Domingo.